Evangelio del Domingo

Marcos 1046 52(Marcos 10,46-52)

Los cuentos de hadas y las historias infantiles nos han presentado muchas veces la situación de quien se encuentra con un genio o espíritu bondadoso que nos ofrece pedirle deseos. Los genios de estos cuentos varían en cuanto a su generosidad: unos ofrecen tres deseos, otros dos o uno solo. Los personajes de las fábulas, según la moraleja que quiera sacar su autor, también difieren mucho en cuanto al contenido de sus peticiones. Recordamos el triste desenlace de Loppi en el cuento de Laboulaye, El Camarón Encantado, en La Edad de Oro de José Martí. La ambición desenfrenada de su mujer y la incapacidad de Loppi para poner límite a los deseos de ella acaba por destruirlos a ambos.

El evangelio no es un cuento de hadas, pero en varias ocasiones Jesús pregunta a personas necesitadas qué es lo que desean. En el dramático encuentro del evangelio de hoy, el ciego Bartimeo, al oír que se acerca Jesús a quien conoce por su fama de sanador, comienza a gritar y a pedir que se apiaden de él. Desafía los regaños de los que quieren callarlo por su gritería
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Amar y servir
(Marcos 10,35-45)

Las instituciones, sin excluir la Iglesia, necesitan de liderazgo y de personas que asuman la responsabilidad por el bien común de la institución. Esa responsabilidad
conlleva una autoridad sobre la institución y sus miembros. Los líderes tienen que ser “autorizados” por la institución para desempeñar su papel.

Todas las instituciones, sin excluir la Iglesia, están expuestas a manejos menos sanos de la autoridad que depositan en sus líderes. Digo “depositan”: puede ser que
junto con la legítima autoridad depositada por la institución a través de sus estatutos o normas, los líderes intenten darse más poder que el que requiere su función de liderazgo
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Dejarlo todo
(Marcos 10,17-30)

No tenemos mucha información sobre la persona que se acerca a Jesús en el relato que nos trae hoy el evangelio de San Marcos. El evangelio habla de “un hombre”. Nos dice que se acercó “corriendo”. Más adelante se nos dice que “tenía muchos bienes”.

Tradicionalmente se le ha puesto a este episodio el título del “joven rico”. Quizás la referencia a la juventud de esta persona tenga que ver con el acento vocacional que marca muchos tratamientos del texto. Hay que aclarar que “vocacional”, en la mayoría de esas referencias, se usa en el sentido restringido de “vocación religiosa” o “vocación sacerdotal”
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