Evangelio del Domingo

ascencionLa palabra de Dios es eficaz y es viva. La proclamación de esa palabra a toda la creación es el encargo que hace Jesús a sus discípulos antes de subir al cielo. Esa subida, esa “ascensión” es el misterio que celebramos hoy. El encargo a los discípulos se nos confía también a nosotros. Por eso vale la pena detenernos a escuchar con atención lo que Jesús nos dice sobre este encargo.

La eficacia y la fuerza de la palabra se van a hacer visibles a través de los signos que acompañarán a la predicación. Sin signos, la palabra corre el riesgo de ser llevada por el viento.

Vivimos en una sobresaturación de palabras y de ideas. Solamente las palabras que vengan a nosotros cargadas de signos tendrán la capacidad de movernos.






IV Domingo de PascuaJuan 10,11-18


Una vez que identificamos a Jesús como el Pastor, todas las personas, sea cual sea la denominación religiosa a la que pertenezcamos, renunciamos a convertirnos en pastores. Más aún, debíamos renunciar a cualquier intento de dividir el rebaño a lo largo de líneas de lealtad a distintos pastores. Tenemos un solo Pastor. El ideal es que formemos un solo rebaño.





3domingopascuaLC 24,35-48


Los relatos evangélicos de la Resurrección de Jesús no pretenden ser pruebas aplastantes de la verdad del misterio. Una corte imparcial de ley descalificaría a los testigos como personas que están demasiado involucradas y afectadas por lo que reportan. Hay legítima sospecha, más aún, hay certeza de que son personas que tienen mucho interés en que sea verdad lo que dicen.