P.Oscar Herrera sj

Padre Oscarito, sj, partió a la casa del Padre.

Con profunda tristeza informanos que el padre Oscar M. Herrera López, sj, desde la 1 y 40 de la madrugada del miércoles 8 de enero, partió hacia la Casa del Padre.

Muchos en la Compañía de Jesús lo recuerdan por su habitual frase de respuesta a cada saludo: "Encantado de la vida".

El padre Oscar Herrera (nacido el 26 de abril 1949 - fallecido el 08 de enero de 2020) fue ordenado el 31 de Julio de 1977 ( hace 42 años) en la Parroquia de Montserrat por la imposición de manos de Mons. Fernando Prego Casal, Obispo de Cienfuegos-Santa Clara, el 31 de julio de 1977.

A continuación compartimos sentimientos de quienes lo conocieron.

Soy seminarista de 3 de Teología. Conocí a P. Oscarito hace 7 años cuando llegué al seminario, fue mi profesor y ese año también mi director espiritual.

El P. Oscar Herrera, en estos años de formación ha sido para mí un modelo de santidad sacerdotal y ejemplo de como el Evangelio puede vivirse con radicalidad y normalidad.

Nunca lo vi sin algo que hacer, siempre laborioso; en las cosas espirituales: administrando el Sacramento de la Penitencia, dando dirección espiritual, recuerdo con particular agrado haberle visto los sábados en la mañana rezando el Santo Rosario solo en la capilla del seminario. Pero también realizaba oficios de la vida cotidiana: hacia velas, pegaba zapatos, fregaba los platos como un seminarista más e imposible no mencionar sus monólogos humorísticos.

Para mí su mejor predicación, su mejor tanda de ejercicios espirituales, su mejor charla fue su vida, vivida como diría san Pablo: oculto con Cristo en Dios. Creo que supo ejercitar el tercer grado de humildad de san Ignacio de Loyola que consiste en saber elegir siempre entre pobreza y riqueza y salud o enfermedad el modo de imitar mejor a Cristo Crucificado.

Nos enseñó a ser Sacerdotes, vocación que tiene que vivirse, como él decía: a lo divino. Pero que antes de ser sacerdotes hay que ser buenas personas y buenos cristianos porque la ordenación sacerdotal no es la meta del seminario sino el comienzo, porque el seminario no es un túnel.

Siempre predicaba las verdades de la fe con rectitud y humor, con criterios sobrenaturales y marcados por el sentir de los fieles, por la sabiduría popular.

Fue un cura de a pie literalmente, un cubano más y así fue feliz.

Recuerdo sus últimos momentos en el seminario, cuando las fuerza le iban faltando y los dolores del cáncer no dejaban de atormentarlo, ni tan siquiera así dejó de cumplir con su misión, a pesar de ser advertido por todos. Una de las últimas veces que se fue del seminario iba cargado de dos maletas, me costó hacerle resistencia para que me las diera que yo se las llevaba al auto, cuando me las dio ¡cómo pesaban!, le pregunté y me dijo que llevaba los plegables del Apostolado de la Oración, y yo sabía que eran miles para toda Cuba, y el peso esas maletas era mucho más de lo que estoy seguro que podía cargar.

Hoy en la mañana cuando supe que había partido a la Casa del Padre, sentí paz, porque luego de tan prolongada agonía, llegaba al fin a participar para siempre de la Compañía de Jesús, que ahora le verá cara a cara, y sin dudas estará ahora sí en plenitud: encantadísimo de la Vida, viéndole cara a cara.

Oscarito vivió y murió con las botas puestas, vivió y murió como un cura, vivió y murió como un santo.

Siempre le estaré agradecido; siempre le recordaré con tanto afecto como le profesé en vida.
Para mi será ejemplo a admirar y a -desde mi pobreza- imitar.

Él decía que el mejor epitafio que podía ponerse sobre el sepulcro de un sacerdote es: Hombre de Dios, creo que él con su vida ha merecido el calificativo. Descansa en paz.

                                                                                                                           Hanoi Manuel Ferrer Pérez.