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Cada mañana me sumergiré en ti, agua de la vida, antes de ser alivio en el vaso, nutriente en el surco, juego en la fuente, sosiego en el lago. Cada Mañana me afinaré en ti, palabra del Padre, antes de ser susurro al oído, discurso en el aula, anuncio en el viento, silencio en la escucha. Cada mañana me orientaré en ti, camino del reino, antes de ser paso en la calle, ruta en la frontera, pausa en la espera, salto en el aire. Cada mañana me reposaré en ti palabra encarnada, antes de ser vigilia en el sueño, flecha en el arco, sutura en la herida, cansancio en tu mano. Cada mañana me miraré en ti, imagen del Padre, antes de ser alegría en el rostro, fuerza en los brazos, caricia en los ojos, luz en el barro. (Benjamín Glez Buelta, s.j.)

Le pido permiso al P. Benjamín para usar este hermoso salmo, con el fin de llegar a ustedes en este momento que vivimos junto a nuestro pueblo. No puedo dejar de expresar el dolor de que una vez más nos toque un tiempo especial o coyuntural, me pregunto ¿hasta cuándo? O ¿por qué? Por supuesto que vienen a la memoria de mi corazón los años 90, donde nos tocó vivir situación parecida y no sé si salimos o permanecemos, pero lo que sí recuerdo como una FUERZA VITAL de aquel momento es la carta alentadora de nuestros obispos: El amor todo lo espera, carta que a muchos jóvenes nos hizo levantar la mirada, respirar hondo y decir a Jesús: Quemamos las naves y permanecemos…

Hoy mi reflexión me lleva a poner el acento nuevamente en el Maestro, creo que la llamada está en no rendirnos ante la realidad, asumir el compromiso de permanecer en este hoy que nos toca vivir, en esta realidad que nos agobia y en la que hay más carencias y lo que es peor aún está generando mucha impotencia, rabia, desconciertos, incertidumbres… sí, hay todo eso y más, porque nuestros jóvenes se encuentran sin futuro, nuestros ancianos sin esperanza de vida, nuestras familias cada vez más desesperadas, nuestros niños creciendo por la entereza y el coraje de unos padres que se acuestan a veces sin comer por dejarles a ellos lo poco que consiguen…

Y en medio de esa realidad estamos también nosotros, acechados por el desencanto, el aplastamiento, el dolor de no poder ofrecer más… pero no podemos dejar que el pesimismo nos supere, no podemos permitir que el desencanto nos arrastre, no podemos dejar que nos roben la alegría y la esperanza de que el Maestro está ahí con nosotros, no dormido sobre la barca, está ahí en la orilla esperando que regresemos de haber pasado la noche sin pescar nada…

Los invito mis queridos hermanos a que recemos con este salmo del Padre Benjamín, que serenemos nuestra alma cada día y que cada mañana ofrezcamos lo que sí tenemos: una sonrisa, un buen saludo, la confianza en AQUEL que nos sigue mirando con su ternura infinita. Ojala y también inviten a los laicos, a la gente sencilla a rezar, no para espiritualizar la situación, sino para encontrar la FUERZA que procede de Él, que se hizo pobre para entender la mordedura de la pobreza. Él nos precede y espera, alentemos desde Dios a nuestros hermanos, solo desde Él es posible caminar y esperar, creer que un mundo mejor es posible, pero es desde y con El.

Ojala que pudiéramos como comunidades de creyentes hacer una hora santa en la semana, un rosario, que nos sintamos unidos ese día especial, para rezar por todo lo que vamos viviendo, qué bueno sería convocar a los laicos, acompañarlos a ellos a abrirse a la confianza, generemos espacios orantes para que ellos también puedan depositar su carga, que sepan que estamos con ellos, que los acompañamos, que somos parte de este pueblo que sufre, pero que también agradece el más pequeño gesto de cercanía…Animémonos unos a otros mientras dure este hoy…

En manos de María de la Caridad, nuestra Madre y Patrona, pongo una vez más a nuestro pueblo, a la Vida Consagrada, que ella nos ayude a buscar en lo más hondo de nuestro ser la huella amorosa de su hijo, de tal manera que en toda ocasión saquemos lo mejor de nosotros y sea eso lo que entreguemos a todos aquellos que esperan de nosotros una mirada cercana, un gesto de Dios, una palabra oportuna.

Con todo cariño.

                                                                                   S.Nadieska Almeida y Junta Directiva de la CONCUR