maria ahi tienes tu hijo                                                                                    

He ahí a tu Hijo, he ahí a tu madre. (Jn 19,26) Y desde ese momento el discípulo la recibió en su casa…

Cuando escucho este pasaje siempre aparecen diferentes sentimientos, hoy lo que este texto hace brotar dentro de mí son palabras como: AMOR, APOYO, SOSTEN, CONFIANZA, SEGURIDAD, ENTREGA…

Jesús le dice a María, su madre: "mujer, ahí tienes a tu hijo” haciendo referencia a Juan, el discípulo amado y en ese hijo estamos también tu y yo… En la persona de Juan, la Iglesia siempre se ha visto como heredera de ese gran tesoro que es María… pero nos hemos preguntado: ¿y la Virgen qué siente?, ¿qué pensamientos recorren ese corazón de madre que ve morir a su Hijo en una cruz y además recibe a toda la humanidad como hijos? . Pensemos por un instante en el dolor que se experimenta al perder a una persona entrañable…ese dolor tan hondo, inexplicable,¨ que cala todo nuestro ser , eso fue lo que vivió María, ¿cómo asimilar una perdida tan honda, cómo VER morir al hijo de sus entrañas y en plena agonía Él la mira y le dice: Ahí tienes a tu hijo y se lo dice el hijo, su único hijo …

y ella se abre a una petición no expresada, porque Jesús no le dice abiertamente cuida de el…de ellos, defiéndelos, protégelos, simplemente ha bastado con decir: Ahí tienes a tu hijo y el resto ella entiende cómo hacerlo, por su experiencia de saberse amada incondicionalmente por el Padre…porque solamente quien se sabe amado sin condiciones, estará en la capacidad de amar también sin condiciones, desde la gratuidad, porque ese es el verdadero amor, dar hasta que duela, hasta dar la vida.

Por esa experiencia de amor gratuito es que Ella está ahí como apoyo, para acompañarnos en todo tiempo, como buena Madre, que no mide esfuerzos por permanecer al lado del hijo, Ella sabe mantenerse en las horas difíciles. Hoy nos sostiene también en estos momentos adversos que vivimos, comparte nuestras pérdidas, miedos, angustias, ansiedades, preocupaciones...acoge nuestras lágrimas, Ella está ahí junto a los que mueren en la Cruz del Coronavirus, solos, aislados, lejos de los suyos, teniendo por todo rostro familiar el de los médicos, enfermeras y personal de salud, que hoy toman el lugar de Juan y de ella, la Madre…, pero también está y estará en las horas buenas, que llegarán, como en las bodas de Caná. Ella es Alguien que nos cuida y a la vez nos lanza a que hagamos con otros lo mismo…, sostener y cuidar a quien está a nuestro lado y nos necesita.

Ahí tienes a tu hijo…le dice a la Madre, pero también nos está diciendo: ahí tienes a tu hermano, a tu amigo, a tu enemigo, al que rechazas, al que también te rechaza…ahí al pie de la cruz de nuestro Maestro, de ese Dios a quien amamos con el corazón, en quien confiamos, ahí Él nos deja una vez más la lección de DAR la vida, de entregarla, de acoger, de perdonar, de comprender, de abrirnos a la misericordia incluso con aquel que pretende quitarnos la vida de tantas maneras.

María es la madre y maestra, la amiga fiel, la que sabe conservar en su corazón cada palabra dicha con transparencia y confianza, la que recibe nuestras suplicas y las presenta a su hijo, ella es la intercesora, la que sabe custodiarnos en cada segundo de nuestra vida. Tengamos la certeza como hombres y mujeres creyentes o no, que nunca estamos solos, ni en las horas más oscuras, ella es nuestra seguridad.

Están los Amigos, madres, hijos, hermanos, parejas, colegas y como creyentes, tenemos a más gente al pie de la misma cruz, a innumerables hombres y mujeres de Iglesia que han sido y son compañeros de camino, de esfuerzo, de lucha, de errores, de búsquedas, de entrega, de servicio, de amor. Jesús en la Cruz le va a confiar a María una nueva maternidad. Dios la eligió desde siempre para ser Madre de Jesús, pero también para ser Madre de los hombres. Pueblo creyente, aquí tienes a tu Madre.

En verdad: María es la certeza de la entrega y el corazón lleno, guarda en él las mil historias, alegrías e incluso sus miedos. Juan es más que un discípulo, o un nuevo hermano, es el cariño y la caricia de Jesús que a través de su madre esta siempre cercano. Te invito a que como el discípulo amado, también tú recibas a María en tu casa, agradécele por ser su hijo…

Reflexionemos...

¿Qué siente tu corazón hoy al escuchar estas palabras: Ahí tienes a tu hijo, ahí tienes a tu madre?

¿Quién puede contar contigo?

Tu corazón, es el mejor lugar para recibir a alguien: ¿Cómo María, te dispones a recibir a tus hermanos?

Pongámonos todos bajo su fiel custodia y digamos con confianza: Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies nuestras súplicas en las

necesidades, antes bien líbranos de todos los peligros, Oh Virgen gloriosa y bendita. Así sea.