p.luzarreta c.m
Hablar sobre la obra de 24 años de un sacerdote como Jesús María Lusarreta es difícil en pocas palabras. Yo, como muchos, conocí a un padre que, aun con sus momentos de mal genio, dejaba ver a un hombre llamado por Dios y a un sacerdote celoso de la obra parroquial comenzada al llegar a la parroquia de la Medalla Milagrosa en 1994.

Su trabajo se orientaba a fundar una casa de abuelos diurna, a fomentar la experiencia comunitaria de Jesús vía la catequesis de niños, adolescentes y jóvenes, así como a hacer llegar al barrio la palabra de Dios con el proyecto “Casas de Misión”. En esto resultó un pionero al involucrar a todos en una experiencia de fe vivida. Organizó el servicio en todo el territorio parroquial, dividido en diez sectores, con tres vicarias por cada uno y casas de misión por doquier. A partir de estas, muchos se acercaron a la parroquia.

Su obra originó la fundación en Cuba de las comunidades vicentinas, como la Asociación Internacional de la Misión, las conferencias de San Vicente de Paúl, la Asociación de la Medalla Milagrosa y las Juventudes Marianas Vicencianas. Estas últimas, de las que formo parte hace 14 años, me han enseñado a dar la cara a la vida con la fuerza del Evangelio. El Padre no se cansaba de decir: “Cuba necesita líderes, gente de bien que propicie el cambio para bien”.

A los jóvenes nos motivaba a atraer a otros para llegar a todos, a “no volar como ave de corral cuando podíamos hacerlo como águila”. Nos instaba a servir a los más pobres. Así encontré el rostro de Jesús en la casa de abuelos de la parroquia, como también en visitas al asilo de San Francisco de Padua y en “La Edad de Oro”, sirviendo a discapacitados motores y mentales.

Recuerdo su paciencia para la confesión. Encontré un Padre que escuchaba, aconsejaba y ayudaba sin reprochar. Y cómo no hablar de su amor por los niños y su esfuerzo para atraerlos y evangelizarlos o su quehacer por el proyecto de muchachos Dawn.

Son muchos hechos relacionados con él: convivencias, procesiones, vigilias, retiros, hasta mi propia boda. Pero sobresalen su presencia y su inspiración. Como él decía: “La fe en Cristo no decepciona”.

Gracias, Padre, por iluminar con tu luz el camino.

Escrito por Rodrigo Marrero Garrote , JMV
Tomado de Vida Cristiana