Jesus y samaritana

El evangelio de la Samaritana es una obra maestra de composición literaria y de profundidad teológica y humana. Juan va tejiendo una historia llena de ternura y de conflicto, de encuentros y desencuentros y de una amplia gama de temas: el rechazo mutuo de judíos y samaritanos, la salvación y el lugar correcto del encuentro con Dios, el drama de una mujer con una vida rota y desprestigiada, la oferta de la vida y del agua que la sustenta por parte de Jesús, las estrictas reglas que gobiernan la relación del hombre con la mujer. El título de esta mesa indica por cuál de estos temas me he decidido para este comentario.

Al regresar del pueblo, los discípulos encuentran a Jesús en diálogo con la samaritana. Esto les causa extrañeza y malestar. En la cultura del pueblo de Jesús, no se habla con las mujeres, se le habla a las mujeres. Pasando por encima de su desconcierto, los discípulos no se entrometen en la conversación. Intuyen que la intensidad del diálogo pide distancia y respeto. Poco a poco han ido descubriendo que en ese punto, al igual que en muchos otros, Jesús no se ajusta siempre a las normas culturales de su tiempo.

El diálogo, difícil desde el principio por la hostilidad de la mujer, se va moviendo desde lo más superficial y externo a lo más personal e íntimo. “Tú, judío, me pides agua a mí, samaritana”, “No tienes cubo para sacar el agua”, “Dame de tu agua para no tener más sed”, “¿Aquí o en Jerusalén es que hay que adorar a Dios?”, “No tengo marido”, “Me han dicho todo lo que he hecho, ¿será este el Mesías?”.

Sin dejarse atrapar por lo que menos tiene que ver con la persona concreta que tiene delante, Jesús va a hacer encuentro de vida con esa mujer. Ni su agresividad presente ni su historia pasada importan a Jesús. Ha descubierto en su rostro cansado, maltratado por el fracaso de sus relaciones y el desprecio de sus vecinos, la sed de una vida más digna, más llena de satisfacción y de paz, la sed del Dios vivo a quien hay que adorar en espíritu y en verdad. La impresionante mezcla de acogida y confrontación que le brinda Jesús, la pone en camino, la convierte en anunciadora de la Buena Noticia que se hizo presente en su vida a través de este sediento peregrino.

 

Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.