Jesus todo amor

Al comenzar hoy el camino de la Semana Santa, camino que llevará a Jesús a la resurrección a través de la muerte en la cruz, se hace importante situarnos bien ante la Pasión, tanto teológica como vivencialmente. En el drama de la muerte violenta de Jesús hay muchos actores. Es saludable para nosotros distinguir las actuaciones de cada uno.

Los protagonistas del poder político, militar y religioso se unieron desde intereses diversos para eliminar a Jesús. La propuesta de un reino de fraternidad, de justicia, de libertad tenía que resultar amenazante a un sistema construido sobre los valores opuestos. La subversión no tiene que ser el resultado de acciones violentas. La simple afirmación de verdades distintas a las oficiales, la negativa a entrar en el juego deldisfrute personal o grupal de los frutos del poder, la coherencia entre palabra y vida se hace intolerable y desestabilizadora. Desde la lógica romana y farisea era necesario acabar con Jesús. En un análisis objetivo de causas y efectos, la Pasión es la obra maestra de los enemigos de Jesús.

El otro protagonista del conflicto es un Mesías moldeado más en la figura del servidor sufriente de los cantos del profeta Isaías que según el diseño de un rey
poderoso a lo David. El mesianismo de Jesús no viene respaldado por la fuerza de ejércitos y riquezas. Es un mesianismo frágil, vulnerable. Al mismo tiempo, tiene
toda la capacidad de convencer que da la perfecta correspondencia entre discurso y actuación. Sin tener fuerza, Jesús tiene autoridad. Su dedicación sin componendas ni arreglos a la voluntad del Padre le da a la palabra de Jesús un peso y una fuerza irresistibles.

Actuando con lucidez a favor del Padre y su reinado, Jesús puede decir con absoluta verdad que a Él no le quitan la vida. Él la entrega libremente. Ofreció su
espalda a los que lo golpeaban. No se resistió a la violencia de golpes y burlas. Desde esa perspectiva, la Pasión se convierte en la obra maestra del Padre y de
Jesús.

Al igual que Jesús, no tenemos control y muchas veces no tenemos poder ni fuerza para defendernos de los ataques de otras personas. Optar por las estrategias de las bienaventuranzas deja a una persona singularmente mal equipada para jugar "pelota al duro". Entramos al drama de la Semana Santa no como espectadores indiferentes sino con el deseo de participar de la suerte de Jesús. No optamos por el sufrimiento. Optamos por la fidelidad a la propuesta del Mesías Siervo de Dios.

 

Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.