Santisima Trinidad

 

La palabra “misterio” no es usada por la teología en el mismo sentido que le damos ordinariamente. En una película de misterio, por ejemplo, no sabemos hasta el final quién es el asesino. La teología la usa no para hablar de algo que se nos oculta y esconde sino de realidades que se nos manifiestan, pero que no podemos abarcar con nuestro entendimiento limitado. Sobre el misterio no tenemos control, ni siquiera el ilusorio control que nos da la comprensión racional. El misterio no se nos comunica para que lo entendamos sino para que lo vivamos.

El misterio que celebramos hoy es el misterio de la Santísima Trinidad. Terminamos el ciclo pascual en el año litúrgico de la Iglesia con la fiesta de Pentecostés. La Pascua es el acontecimiento central de nuestra fe. En ella intervienen de diferentes maneras las tres personas divinas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Dios no revela el misterio de su intimidad y su naturaleza comunicando doctrinas y conceptos. Lo revela por medio de sus acciones salvadoras a favor de nosotros. Como dice el refrán popular, los amores no son “buenas razones”.

Para nuestra salvación, es decir, para vivir a plenitud lo que somos, no nos hace falta entender los conceptos de naturaleza, esencia, persona. No es pérdida de tiempo y esfuerzo el trabajo que hacen los teólogos para dar razón de nuestra fe. La fe busca comprensión, dice la expresión teológica.

Lo que sí necesitamos es conocer el misterio que somos para nosotros mismos. Somos imagen de Dios y es crucial para nosotros saber de qué manera somos imagen del Dios que se nos revela, no del Dios que podemos crear con nuestra fantasía y nuestras proyecciones. La calidad de nuestra existencia se juega en enfrentar con éxito el desafío de llegar a ser lo que somos por regalo divino. El misterio de Dios es una comunidad de personas que se relacionan en el amor y desde el amor. El amor que constituye lo más divino de Dios es comunicación hacia dentro y hacia fuera. Nosotros somos la expresión creada de lo que es Dios. Dios es misterio, pero sobre todo es amor.

Honraremos adecuadamente a la Santísima Trinidad en la medida en que también logremos crear en esta tierra una comunidad fraterna, de personas iguales en su dignidad y diferentes en nuestras expresiones. La gloria del Dios trinitario será esta comunidad de sus hijos e hijas viviendo a plenitud la comunión en el amor.

 

Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.