mansos de corazon y humildes

 

La dureza de la vida nos ha llevado a desarrollar una coraza protectora. Para defenderse de ataques reales o imaginados, muchas personas ponen por delante el escudo de la guapería. La “vida”, ese conjunto de situaciones límites, nos agrede. Como botones de muestra: la lucha por el alimento diario, por el transporte, por la solución de trámites rutinarios que se convierten en eternos, la incertidumbre por el futuro y el escepticismo ante planes económicos y sociales que no son percibidos como viables.

Como ese cúmulo de situaciones no tiene rostros muy concretos y definidos, descargamos nuestra impotencia y frustración sobre las personas que nos rodean. El empujón que recibimos en la guagua, el trato descortés en oficinas o tiendas, la interminable espera en las colas (nuestro segundo hogar) despiertan en nosotros respuestas agresivas, muchas veces desproporcionadas. Los espíritus más tranquilos y pacíficos se disfrazan de guapos. “Pa´ que me respeten!!”

La invitación de Jesús a que aprendamos de Él a ser mansos y humildes de corazón nos parece ingenua. Una actitud para otras circunstancias, no las nuestras. Percibimos la mansedumbre como debilidad y la humildad como sumisión. La “sabiduría” popular dice que al que no da, le dan. En la vida triunfan los fuertes. El reino de este mundo le pertenece a los que guapean.

Nos cuesta mucho creer que la sabiduría de Jesús sea de más calidad y efectividad que la sabiduría de este mundo. Nos suena contradictorio que Jesús pueda llamarle llevadero a su yugo y ligera a su carga. No en balde fue rechazado Jesús cuando hizo su propuesta. Los poderosos de este mundo lo descalificaron. Los sabios y entendidos no pudieron comprender “sus cosas”. Fueron solamente los sencillos, los que tienen un corazón parecido al de Jesús, los que tuvieron ojos para ver y oídos para oír.

Jesús se alegra porque los sencillos han podido captar su mensaje. Así le ha parecido bien al Padre. El portavoz de la Buena Noticia no viene respaldado por la fuerza y la guapería. En las palabras de la primera lectura de este domingo, viene a nosotros como rey que triunfa en la modestia y la sencillez, montado sobre un asno, no sobre carrozas.

Optar por el camino de Jesús es entrar por la puerta estrecha, pero es el único camino al verdadero descanso de nuestras almas.

 Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.