la cizaña parabola 

La parábola del trigo y la cizaña es otra de las parábolas explicadas por el mismo Jesús a sus discípulos. La sencillez del lenguaje y del mensaje puede hacernos perder de vista la profunda sabiduría que encierra.

Aunque la parábola menciona de paso uno de los grandes interrogantes de la humanidad, la pregunta sobre el origen del mal, no ofrece ninguna explicación. Cuando los trabajadores preguntan “¿De dónde sale la cizaña?”, el dueño de la finca, sin entrar en más detalles, responde, “Algún enemigo lo ha hecho”.

Si es verdad que no queda satisfecha nuestra curiosidad, la parábola sí ofrece pistas de gran utilidad para el manejo de la coexistencia del trigo y la cizaña.

La propuesta de los trabajadores suena bien hasta que no miramos más de cerca la complejidad de la situación. “¿Quieres que arranquemos la cizaña?” No es bueno que tu campo esté atravesado de tanta ambigüedad. Vamos a limpiarlo, vamos a quitar de él todo lo que lo afea y lo corrompe. Sabiamente detiene el dueño la mano que ya empuña la guadaña para acabar con la cizaña. “No, que podrían arrancar también el trigo”.

La contrapropuesta del dueño de la finca ofende nuestro perfeccionismo moralista. ¿Cómo va a ser que tengamos que convivir con la cizaña? ¿Qué va a decir la gente cuando vea que nuestro campo no es cien por ciento puro, que estamos dejando crecer juntos el trigo y la cizaña?

Una de las razones por las que no es recomendable dar rienda suelta al ángel exterminador que todos llevamos dentro, es que el símbolo “trigo” no se aplica a personas que son totalmente buenas ni el símbolo “cizaña” a personas que son completamente malas. Cada persona es un campo de trigo y de cizaña. Somos la desesperante mezcla del bien y del mal, de la luz y la tiniebla, de buenas y no tan buenas intenciones y acciones.

La guadaña es un instrumento demasiado tosco para discriminar entre trigo y cizaña. Lo que sí tenemos que salvar de la propuesta original de los trabajadores es la capacidad de dar su verdadero nombre a cada cosa: trigo es trigo, cizaña es cizaña. Mi campo no es sólo trigo ni sólo cizaña. Aunque tengamos que aprender a convivir con la cizaña, no hacer pacto con ella, no encubrir la realidad con lenguajes ambiguos (no es un campo de trigaña). Necesitamos mucho discernimiento.

 Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.