un tesoro a descubrir 

La esperanza de la vida eterna, la visión de la felicidad y la gloria que nos espera al terminar esta vida terrena, son, sin duda alguna, incentivos para sobrellevar las penas de la existencia. Pero es muy difícil mantener la alegría y el optimismo viviendo solamente de promesas. El seguimiento de Jesús conlleva muchas renuncias a placeres
reales o ilusorios que pretenden desviar nuestra lealtad al camino estrecho que lleva a la vida.

Al comparar el Reino de los cielos a un tesoro escondido en el campo y a una perla fina de gran valor, Jesús está hablando de realidades que nos salen al encuentro aquí y ahora, en esta vida y en esta historia. El tesoro está escondido en este campo del “más acá”. La perla fina pasa por nuestras mesas de comerciantes.

La motivación para la renuncia a tantas cosas que se presentan como tesoros o perlas de gran valor solamente puede venir de manera duradera del encuentro con la realidad apasionante del Reino y de su Servidor, Jesús.
La acusación que a menudo se nos hace a los seguidores de Jesús es que la mirada puesta en la vida del cielo nos sustrae a la tarea de construir una historia digna, justa, aquí en la tierra. Esta acusación adquiere visos de credibilidad cuando vemos a tantos cristianos tristes, encerrados en una ascética sin alegría, concebida como impuesto que hay que pagar para merecer la felicidad venidera.

Dice Jesús que quien encuentra el tesoro escondido en el campo, va lleno de alegría a vender todo lo que tiene. Como dice San Pablo, todo lo que antes le parecía ganancia, ahora le sabe a vacío y a pérdida. El dolor de la renuncia a los tesoros que no llenan el corazón está más que compensado por la plenitud de lo que se encuentra.

Aunque el encuentro con el tesoro y la perla es regalo sorprendente y gratuito de Dios, podemos prepararnos para el encuentro con estas realidades. La ascética que se nos pide es el entrenamiento de nuestra mirada para no quedar atrapados en la superficie luminosa y atractiva de la propaganda comercial y en la seducción de tanto
canto de sirena. El esfuerzo de mirar bien y de mirar hondo es costoso, pero nos llevará a una alegría desbordante cuando nuestro corazón encuentre su hogar en los tesoros del Reino.

 Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.