Madre de Cuba Vigen del Cobre

   El 8 de septiembre todos los ojos y corazones cubanos se vuelven hacia la virgencita del Cobre en una mirada filial de cariño, confianza y amor. Las personas que consideramos más "duras", menos religiosas, se ablandan al mirar con ternura a la virgen morena. Hasta los hombres, ¡por Dios!, a quienes se nos ha negado el permiso para manifestar mucha religiosidad "blandengue", tienen en algún rincón de su cuarto, de su cartera o de su casa una imagen de la Virgen de la Caridad.


La Virgen de la Caridad del Cobre tiene más o menos resuelto el problema de las hijas y los hijos. Serán muy pocos los cubanos que no tengan algún pensamiento para ella, alguna alegría o pena que comunicarle, alguna necesidad urgente que presentarle.

Lo que está todavía por resolver es el que seamos hermanos. Esa es la tarea pendiente. Es la petición que hacemos en el hermoso canto que mañana resonará en
muchas iglesias cubanas, aquí en la isla y en todos los rincones del mundo donde la Virgen tiene "familia" dispersa.Virgen mambisa, para que tu fiesta y tu alegría sean más plenas, que todos tus hijos,que a ti clamamos, seamos hermanos. Que no dejemos de encontrarnos porque sean diferentes las ideologías y los credos. Que no nos dividan nunca más los resentimientos y los odios. Que ni el color de la piel ni la geografía ni ninguna otra diferencia nos lleve a excluir a nadie.

El evangelio de este domingo, parte del discurso de Jesús sobre la comunidad, nos recuerda que el encuentro entre los hermanos, hijos del mismo Padre, hace presente a Jesús de manera muy especial. La Iglesia de Jesús, reunida con María en oración a la espera del Espíritu, será siempre lugar privilegiado de encuentro con Dios.

Llegará el día en que todos los cubanos podamos celebrar con plenitud de sentido la fiesta de la Virgen de la Caridad. Ese día en que su título, Madre de la Caridad, sea nuestro carnet de identidad. Mientras tanto, que siga ella, la Virgen morena, atrayendo con suavidad de madre nuestros corazones hacia su Hijo para reunirnos con Él en abrazo de hermandad. Virgen mambisa, que seamos hermanos.

 Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.