cuantas Veces perdonar

  La pregunta de Pedro a Jesús sobre los límites de la paciencia y del perdón toca muy de cerca nuestra experiencia en las relaciones. Ciertamente el tema del perdón
pertenece a las dimensiones de más difícil manejo en nuestra vida cristiana. Pedro probablemente se sentía heroico al hacer la pregunta. Dejando a un lado el valor
simbólico del número siete en la cultura religiosa judía, la mayoría de nosotros no llegaríamos tan cerca del número que Pedro ofrece como ya exagerado. Dos chances, a lo más tres, es lo que estamos dispuestos a considerar como aceptable. Y cuidado.

Algunas ofensas son de tal calibre que una basta y sobra.Como en otros pasajes del evangelio, Jesús recurre a la exageración para desafiar nuestra capacidad calculadora y medida. ¿Siete veces? No, Pedro, hasta setenta veces siete. No pasen trabajo con el cálculo aritmético. Bien sabe Jesús que Pedro, hombre de poca o ninguna educación formal, probablemente nunca pasó de la tabla del tres en la multiplicación. ¿Cuántas veces hay que perdonar? Todas las veces.

Para profundizar aún más la exageración, recurre Jesús a la parábola de las dos deudas. Un empleado debe a su señor diez mil talentos. Los oyentes de Jesús no pueden siquiera imaginarse la cantidad de dinero a la que se refiere esa cifra. A este mismo empleado un compañero suyo le debe el sueldo de unos tres meses. La desproporción es de tal magnitud que ayuda a entender el resto de la parábola y la aplicación que hace Jesús. Las deudas que tenemos entre nosotros palidecen ante la deuda que tenemos con Dios. No debemos confundirnos con el lenguaje extremista del final de la parábola. Dios no va a negarnos el perdón si lo negamos al hermano.

Al cerrar el corazón a la compasión ante el hermano que me ofende, lo tengo también cerrado al perdón que Dios me ofrece siempre. No entrará nunca Dios en nuestros rejuegos de deuda y cobro. Dios es quien perdona setenta veces siete, es decir, siempre.

En caso de que nos resultara difícil entender que Dios pueda ser así de generoso, acudamos a la Madre de todos nosotros, la Virgen de la Caridad y del amor
misericordioso. Acabamos de celebrar su fiesta. Que ella, como en tantas otras cosas, sea nuestra maestra en la vida cristiana.

 Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.