los ultimos seran los primeros

El mundo del trabajo se rige por criterios bastante bien definidos que establecen la correspondencia entre la labor realizada y la remuneración que se le debe al trabajador. Las escalas de salario tratan de garantizar que a igual cantidad de trabajo de cierto tipo se le dé igual cantidad de sueldo.

Es comprensible la queja de los trabajadores de la primera hora en la parábola de este domingo. Ellos soportaron el peso de un día entero al sol y recibieron el sueldo correspondiente a un día de trabajo, un denario. Los que apenas trabajaron una hora reciben el mismo sueldo. Dentro de la lógica del mercado de trabajo, no resulta muy convincente la respuesta del dueño de la finca. Es verdad que no se violó el contrato. Los trabajadores aceptaron ese contrato y se les pagó lo que estaba acordado.

La respuesta del dueño de la finca se mueve a otro nivel de lógica. Es la lógica de la gratuidad que desborda los límites de lo “legal”. “Quiero darles a los que llegaron de último lo mismo que a los que llegaron primero”.

El espacio de organizaciones como la Iglesia es el de la voluntariedad. Los miembros de la comunidad cristiana ofrecen sus aportes en el ámbito de la gratuidad. “Den gratis lo que gratis recibieron”. Este es el ideal. Pero nosotros vivimos inmersos en la otra lógica del “doy para que me den”. Vivir en la gratuidad es también un regalo de la gracia de Dios. No resulta fácil entrar en esa lógica de Dios.

En nuestra experiencia de Iglesia en esta tierra cubana también nos hemos encontrado con trabajadores de la última hora. Los cristianos “de siempre” compartimos el espacio de la comunidad con personas que han llegado “al caer de la tarde”. Ocupamos los mismos bancos del templo al lado de personas que fueron en otro momento histórico alejados o incluso adversarios por razones ideológicas. Se hace cuesta arriba no rechazar a quien no hace tanto tiempo me atacó por mi pertenencia a la comunidad de la Iglesia.

La parábola de hoy es un desafío frontal a la “lógica laboral” de igual salario por igual trabajo. Una invitación a entrar en el mundo de la desbordada generosidad de Dios.

 Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.