parabola viñadores asesinos

Muchas parábolas de Jesús nos orientan en una doble dirección. Nos invitan a mirar la acción de Dios en favor nuestro y nos ayudan a reconocer la pobre respuesta o la negativa rotunda a aceptar esa intervención de Dios.

La parábola de este domingo es uno de los más fuertes ataques de Jesús a sus adversarios, los que ocupan los puestos de liderazgo en el mundo religioso de Israel.
Jesús retoma el canto de la viña del profeta Isaías, la primera lectura de hoy. En ese canto predomina la primera de las dos direcciones a las que aludía al principio. Es un canto de amor de Dios por su pueblo, simbolizado en la viña que con tanto amor ha plantado y cuidado Dios.

La parábola de Jesús acentúa más la segunda dimensión,probablemente por las personas a las que va dirigida. Es muy difícil aceptar una confrontación directa. La parábola de los viñadores asesinos usa la misma táctica de la que había echado mano el profeta Natán al confrontar al rey David.

Pone
delante de los interlocutores una situación ficticia. “Miren lo que ha hecho el dueño de la viña. Miren la respuesta de los viñadores: maltrataron y mataron a los criados del propietario y no respetaron ni siquiera a su propio hijo. Cuando vuelva el dueño, ¿qué hará con estos viñadores?”

No dudan un momento los oyentes en dar su respuesta. El dueño hará justicia y mandará matar a los viñadores asesinos. No caen en la cuenta los sumos sacerdotes y los senadores del pueblo que están pronunciando su propia sentencia.

Jesús tiene que ser más explícito. Son ustedes los que han matado a los profetas. Son ustedes los que llevarán hasta el extremo su rechazo a Dios. No han sido ustedes capaces de reconocer el cariño con que Dios ha cuidado de ustedes, su viña predilecta.

El reino de los cielos se les quitará porque nunca han entrado en él, nunca lo han poseído. Visualiza Jesús lo que será el nuevo pueblo de Israel. Dios entregará su viña a otros viñadores que puedan dar una respuesta más fiel y más justa.

 Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.