Amar al projimo como a si mismo

El evangelio que escuchamos hoy en la misa es elocuentísimo en su brevedad.Antes de acercarnos al intercambio entre Jesús y los fariseos, puede ser muy útil para
nosotros preguntarnos cuál es el objetivo de la Ley.Para el pueblo judío, la Ley nace en el contexto del camino a la liberación y a la tierra prometida. Salir de la esclavitud de Egipto es solamente el paso inicial en la trayectoria religiosa que debe seguir este puñado de tribus que irán siendo moldeadas como pueblo escogido de Dios. La Ley es hija de la inquebrantable fidelidad de Dios y de la frágil fidelidad de los israelitas.

Intenta ser la expresión en normas y orientaciones de la especial relación que Dios quiere establecer con su pueblo. Esa relación recibe el nombre de “alianza”. Los pueblos de la tierra hacen alianzas motivadas por razones económicas, políticas o estratégicas. La alianza establecida por Dios con Israel está motivada por el deseo de Dios de llevar a su pueblo a la vida plena, a la vida fraterna y justa, a la solidaridad y al respeto soberano por cada persona,especialmente por los más excluidos, por los más necesitados.

El amor con que Dios ha cuidado de su pueblo esclavizado en Egipto provoca la respuesta del primer mandamiento. “Amarás al Señor tu Dios con todo tu
corazón, con toda tu alma, con todo tu ser”. La experiencia de la liberación, fruto del largo camino por el desierto, pasando por pruebas y tentaciones, por caídas
y renovaciones de la alianza, es el horizonte de la Ley y el criterio fundamental para interpretar sus mandamientos. La observancia de la Ley tiene que ser radicalmente una experiencia de libertad y de amor, no de temor ni de rígida adhesión a la letra de la Ley.

Lo que los israelitas han experimentado como intervención de Dios en su favor, tiene que ser la norma de su conducta hacia los demás, incluso hacia los que no son
parte del pueblo escogido. No oprimirás al forastero que vive contigo, porque forasteros fueron ustedes en Egipto.

Esta es la respuesta del segundo mandamiento que Jesús une inseparablemente al primero y principal: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Ofrece a todos tus
hermanos lo que has recibido de Dios. Estos dos mandamientos sostienen toda la Ley porque encarnan su espíritu de liberación y de vida.

 Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.