Cristo Rey Mt 25 31 46

La primera y la tercera lectura de la misa de hoy usan la imagen del pastor. No es precisamente la imagen más cercana al concepto de rey. Como las imágenes son más elocuentes que las palabras, hablar de Jesucristo Rey como pastor es ya todo un discurso.

La palabra “Rey” tiene toda una serie de connotaciones que centran la atención en la persona del Rey. El Rey es protagonista, es símbolo y realidad de poder. A él se le debe homenaje, respeto, obediencia sin cuestionamiento. Todo el entorno del Rey está diseñado para realzar su primacía sobre los demás. Para entender el reinado de Jesús, necesitamos acercarnos a toda su vida para ver cómo se sitúa Jesús ante ese título.

En varias ocasiones, ante el asombro y admiración de los milagros, la multitud quiere proclamar a Jesús como Rey. Jesús se esconde y rechaza esa aclamación. Solamente afirmará que es Rey cuando es cuestionado por Pilato horas antes de su muerte. Este hombre abandonado por sus seguidores, golpeado, rechazado por las autoridades, puede reclamar para sí el título de Rey porque no hay posibilidad de confundirlo con un Rey de este mundo. La otra ocasión en que Jesús reivindica este título para sí mismo es en la escena del Juicio Final que leemos en el evangelio de hoy.

Si la palabra “Rey” encierra a quien detenta ese título en un círculo de poder y de referencia a sí mismo, la palabra “Pastor” hace todo lo contrario. La persona designada como pastor no vive para sí. Su preocupación son sus ovejas. Se desvive por ellas, las cuida y alimenta. Da su vida para protegerlas.

La salvación, el tema central del evangelio de hoy sobre el Juicio Final a las naciones, se juega en la capacidad de las personas de responder a la necesidad del prójimo. No aparece ningún criterio claramente reconocible como “religioso”. Alimentar al hambriento, vestir al desnudo, visitar al enfermo y al preso: todas estas actividades son realizadas por los que se salvan sin ningún tipo de motivación creyente. Se sorprenden los buenos: “¿Cuándo te vimos hambriento y te alimentamos?”

Honrar a Cristo Rey es entrar con Él en la dinámica del pastoreo, en la dinámica de la solidaridad. Honrar al Rey es honrar a la persona humana.

 Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.