epifania de Jesus

El nombre popular de los visitantes del Oriente que vienen a adorar a Jesús es el de los “Reyes Magos”. Las diferentes traducciones de los Evangelios hablan de “sabios” (sabios que estudian las estrellas) y de “magos”. Como los regalos que traen eran tres (oro, incienso y mirra), la tradición también fijó el número en tres y les dio nombres (Melchor, Gaspar y Baltasar).

Estos sabios del Oriente, además de cautivar la imaginación de niños y adultos a lo largo de la historia cristiana, son símbolos de una gran riqueza teológica y espiritual.

Su presencia en Belén, tierra de judíos, expande las fronteras de la salvación ofrecida a toda la humanidad. Desde fuera de los límites geográficos y religiosos del pueblo de Israel, vienen a postrarse ante el recién nacido Rey de los judíos.

Su docilidad a las señales encontradas en su estudio de los astros nos invitan a acercarnos con reverencia al estudio y a la ciencia como el gran libro escrito por Dios en la creación.

La humildad de preguntar cuando se les esconde su estrella guía, la sabiduría profunda de no saberlo todo, es una invitación permanente a dejarnos
enseñar. Aprender hasta de aquellos que no saben tanto y que no usan lo poco que saben para ponerse en camino.

La mirada profunda que va más allá de la superficie y puede reconocer en la pequeñez de un pesebre al Salvador de todo el mundo: ¡cuánto necesitamos entrenar nuestra mirada para no quedarnos en la superficie áspera y poco invitadora que esconde tanto tesoro y tanto regalo!En un mundo que se ha especializado en la exclusión de lo diferente y absolutiza lo vistoso y lo espectacular, la llegada de los sabios del Oriente es un regalo mucho más grande
que los que recibíamos con ilusión y alegría el día de los “Reyes”.

No necesitamos ser astrólogos ni rendir culto a todas las modas “religiosas” que inundan el mercado espiritual. Solamente necesitamos observar y reconocer nuestras “estrellas”. Estrella es toda persona que comparte su sabiduría con nosotros. Estrella es todo acontecimiento que no parece acontecimiento pero que encierra el silencioso y fecundo paso de Dios.

Nos acercamos también nosotros con los sabios para ofrecerle al Niño Dios el cofre de nuestro corazón y para poner a sus pies nuestro oro,nuestro incienso y nuestra mirra.

Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.