mi hijo amado

 

No tuve la experiencia de ser hijo único. Soy el segundo de cuatro hermanos. Estoy absolutamente seguro de que mis padres nos quisieron muchísimo a mí y a mis hermanos. Aunque ninguno de los dos lo reconoció nunca, estoy igualmente seguro de haber sido el preferido, por lo menos de mi papá, quizás también de mi mamá.

¿A qué viene este recuerdo sentimental? Tiene todo que ver con el mensaje que Jesús recibe de su Padre en la experiencia de su bautismo en el río Jordán. El Padre se dirige a Jesús para comunicarle que Jesús es hijo, que es amado y que es el preferido.

Cuando, como en mi caso, uno no es hijo único y siente que es preferido por sus padres, el verbo preferir implica comparación con ventaja para el objeto de la preferencia. El caso de Jesús es diferente. Nadie es hijo de Dios de la misma manera que lo es Jesús. Jesús es el primogénito y el único. En este caso el "preferir" de Dios no puede significar comparación. ¿Con quién?

La "preferencia" de Dios debe significar otra cosa. Al no haber comparación entre hijos, el que Jesús sea amado y preferido probablemente tenga que ver con la intensidad de la relación que el Padre tiene con Jesús. Jesús se siente profundamente amado por su Padre y en este amor encuentra su máxima seguridad y realización, Ahí está el corazón de su identidad. Desde esa plataforma inamovible, plantea Jesús todas sus relaciones con nosotros y con toda la realidad.

¿Será legítimo para nosotros apropiarnos esta experiencia de Jesús? ¿Podremos nosotros también escuchar la voz de Dios que nos dice a cada uno, "Tú eres mi preferido"?

Reconozco como posible que unos padres humanos tengan varios hijos sin tener preferencias ni predilección hacia ninguno en particular. En mi limitada experiencia, eso no lo he encontrado. Ojo: preferencia y predilección hacia uno u otro de los hijos no significa negación del amor hacia los demás, Es simplemente eso: tengo preferencia por uno, me siento mejor, más cómodo, más identificado con ese. Creo que esa predilección es inevitable en la experiencia humana.

Lo que no es posible para nosotros los seres humanos, es plenamente posible para Dios. Cuando Dios se acerca a mí, a ti, a cada uno de sus hijos e hijas, lo hace con una intensidad de amor tan grande que, al mirarnos, no nos confunde con ninguno de los otros hijos. El amor mío es "preferencial" y es único. Igual que el que te tiene a ti. Igual que a Jesús, esa experiencia tiene que darnos nuestra máxima seguridad y confianza.


Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.