buscando a Jesús

 

Dicen los psicólogos que nosotros encontramos lo que buscamos. Es decir,nuestra atención se dirige a lo que en un momento determinado es el objeto de nuestro
interés. Si estoy buscando mis llaves, puedo pasar por encima de muchos otros objetos sin “verlos”. Ahora solamente me interesan las llaves.

En nuestra vida espiritual nos pasa lo mismo. En la relación con Dios, nuestra atención puede dirigirse a los fallos que se dan en mi deseo de “cumplir” con la voluntad divina. Examino mi conciencia buscando fallos y eso es lo que voy a encontrar. Puede ser que pase por al lado, por encima o por debajo de muchísimas intervenciones valiosísimas de Dios en mi vida sin reconocerlas. Buscando saber dónde metí la pata, no soy capaz de reconocer dónde Dios metió su mano.

Los dos discípulos de Juan Bautista, motivados por la identificación que hace Juan de Jesús (“Este es el Cordero de Dios”), lo siguen. No saben bien cómo iniciar
el diálogo. Van caminando detrás de Jesús sin atreverse a tomar la iniciativa, con mucha pena y timidez. Jesús los ayuda a romper el hielo. Su pregunta, dirigida a los discípulos, pero también a nosotros, es muy directa:

“¿Qué buscan?”

Al seguir a Juan Bautista, ellos están en búsqueda de la renovación espiritual que la predicación de Juan desencadena en la vida del pueblo de Israel. El encuentro con Jesús es parte de esa búsqueda. La respuesta a la pregunta de Jesús puede parecernos muy superficial, propia de quien se siente atrapado en su curiosidad y no sabe exactamente qué contestar.

“Maestro, ¿dónde vives?”

Aparentemente el evangelista Juan considera que no era necesario decir más. Jesús los invita a venir con él y a ver. No hay más indicación de qué se habló en esa
visita. Solamente nos queda el breve comentario de Juan sobre la hora del encuentro. “Serían las cuatro de la tarde”.

Preguntarle a Jesús dónde vive es invitarse ellos mismos a acercarse a lo concreto de su persona, a entrar en su intimidad. En el seguimiento de Jesús, nada puede sustituir ese encuentro personal que mira más allá de palabras y “verdades”. Es esa cercanía la que va a cambiar la vida de estos discípulos y los va a convertir en los primeros “apóstoles”, los primeros en dar a conocer la riqueza que han encontrado. Ellos ahora, más que dar discursos, llevarán a familiares y amigos a donde Jesús. Vengan y vean.


Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.