Jesus predica con autoridad

Muchos profesores confunden autoridad con autoritarismo. Enseña autoritariamente la persona que no concibe que la letra “entre sin sangre”. El
autoritarismo necesita apoyarse en la fuerza y en el poder. Tener poder no es lo mismo que tener autoridad. Les damos el nombre general de “autoridades” a las personas que detentan el poder político, civil, militar o religioso.

La autoridad, en el sentido que la usa el evangelio de hoy aplicándola a la enseñanza de Jesús, no viene con el cargo ni el oficio que una persona desempeña. Esa
autoridad se alimenta de otras fuentes. No necesita ampararse en la fuerza ni le es preciso crear distancia y temor frente a las personas que gobierna o enseña.
Los contemporáneos de Jesús comparan su enseñanza con la de los maestros de la Ley y los escribas o con la de los rabinos. Jesús no pertenece a ninguno de esos
colectivos religiosos. Su enseñanza no está fundamentada en citas de “autoridades”. En el sermón de la montaña, Jesús repite varias veces: “Han oído que se dijo… pero yo les digo”. Habla desde su propia experiencia de Dios. Sus palabras no tienen nada de la arrogancia del que se cita a sí mismo. Llegan a sus oyentes respaldadas por la coherencia entre lo que Jesús dice y lo que hace. Son palabras acompañadas de señales.

Esos signos muestran la eficacia de la palabra de quien enseña con tanta autoridad que “hasta los demonios obedecen”.Les invito a que recuerden las experiencias más positivas que tuvieron en su relación con profesores y profesoras. Si hacemos la lista de sus “credenciales”, probablemente encontremos los siguientes rasgos
comunes:

  Dominio de la materia que impartían.

  Capacidad de hacer encuentro humano con sus alumnos. No enseñaban geografía, historia o matemáticas: enseñaban personas.

  No eran personas exentas de errores y fragilidades, pero se daban permiso para tenerlos y se esforzaban por exigirse a sí mismos y a nosotros dar lo mejor.

  Nos consideraban personas importantes.

¡Qué enriquecedor es el encuentro con personas que enseñan con verdadera autoridad! Comunica tanta vida que su enseñanza nos parece siempre nueva. Inspiran
respeto pero no temor. Nos animan a entrar dentro de su experiencia y a compartir también nosotros su “autoridad”.


Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.