Jesus haciendo el bien

Comparto con los lectores de este espacio un comentario sobre el evangelio de San Marcos que me resultó muy iluminador. Los estudiosos de la Biblia reconocen una
estructura muy sencilla en este evangelio.

En los primeros ocho capítulos, el evangelista presenta a Jesús a través de sus obras y palabras. La pregunta, “¿Quién es Jesús?” la responde Pedro en el capítulo 8, en la famosa confesión de Cesarea de Filipo. Dice Pedro: “Tú eres el Mesías”. En los siguientes ocho capítulos, el evangelista procede a negar que Jesús sea Mesías según la expectativa popular: el Mesías guerrero, poderoso, que restablecerá la gloria de Israel. Jesús es verdaderamente Mesías, pero un

Mesias humilde y humillado, servidor, que llegará a su gloria a través del sufrimiento y de la cruz.

A la luz de esta segunda parte del evangelio, se hace un poco más fácil entender lo que los comentaristas llaman “el secreto mesiánico” de
Marcos. Jesús rehúye toda manifestación de poder y de glorificación de su persona. Eso explica el misterioso comentario sobre el silencio impuesto a los
demonios. La dramática liberación del poder demoníaco sobre las personas era suficiente para apuntar a una dimensión clara de la persona y del
mensaje de Jesús. La misión del Mesías será claramente liberadora de todo lo que oprime y esclaviza al ser humano.

Jesús pasa haciendo el bien, curando enfermos, expulsando demonios, perdonando pecadores y reconciliándolos con su Padre. Pero “pasa”. No se queda a cosechar aplausos ni va a aprovechar el entusiasmo de las muchedumbres. Después de la curación de la suegra de Pedro y de multitud de otros enfermos, lo vemos retirándose a un lugar solitario a orar.

Los milagros que obra no son credenciales para una candidatura mesiánica. Nacen de un corazón compasivo, dolido ante la miseria y la necesidad de las gentes.

Parte de ese mismo movimiento es la respuesta a los discípulos que le transmiten el deseo de las personas de verlo. “Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí”. Va Jesús urgido desde dentro por la misión recibida de su Padre.

Ese es su horizonte. Es así que Jesús quiere ser Mesías.

 Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.