Trans Jesus

Cuando usamos la expresión, “Fulano se transfiguró”, hablamos del cambio notable que se da en el rostro de una persona ante una fuerte emoción, de alegría o de
susto o de disgusto. Ninguna de esas experiencias puede compararse a lo que deben haber experimentado los tres discípulos privilegiados (Pedro, Santiago y Juan) ante la transfiguración de Jesús. Comenta San Marcos que no hay poder limpiador en el mundo que pudiera producir una blancura tan deslumbradora.
Es siempre saludable seguir el consejo de los especialistas en Biblia de mirar los textos del Evangelio en sus contextos. El contexto literario de esta escena de la
Transfiguración de Jesús es el siguiente: antes de subir al monte, tenemos la confesión de Pedro en Cesarea de Filipo sobre el carácter mesiánico de Jesús. Al bajar del monte, Jesús prohíbe a sus discípulos contar lo que han visto hasta que “el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos”.

Después de la deslumbrante gloria que han
presenciado, esta alusión a estar Jesús entre los muertos es una ducha de agua helada.El texto del evangelio de hoy recibe un significado especial a partir de esos otros dos textos que lo enmarcan. Jesús, que ha reprendido a Pedro por su incapacidad de reconocer qué tipo de Mesías es Jesús,va ahora a mostrarle a Pedro y a sus dos compañeros el resplandor anticipado de su gloria resucitada. Pero inmediatamente después de este descorrer la cortina de su humanidad, Jesús se presenta otra vez solo y sin brillantez alguna.

Los tres testigos de la Transfiguración serán también después testigos de la angustiosa oración del huerto de Getsemaní. Les hacía falta asomarse a esta dimensión oculta del misterio de Jesús para fortalecer su fe, estremecida por el horror de la Pasión.

¿Qué nos queda a nosotros de enseñanza a partir de este misterio? Como los discípulos, necesitamos también “subir a la montaña” a contemplar, en esperanza y
deseo, la gloria de la que Jesús ya goza y a la que nosotros todavía no tenemos acceso.

Necesitamos momentos de plenitud, donde también podamos decirle a Jesús, “¡Qué bueno es estar aquí!” Cuando por necesidad tengamos que “bajar del monte”, podemos llevar impresa en nuestra memoria y en nuestro corazón la imagen transfigurada de nuestro Salvador. Ya no tenemos la prohibición de contar lo que hemos visto y experimentado.

 

 Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.