Jesus Pastor

El domingo de hoy está dedicado al tema del Buen Pastor. En toda la Iglesia hacemos una oración especial hoy por los seminarios, los lugares donde se forman los
futuros pastores de las comunidades cristianas.

La imagen del pastor, aplicada por Jesús a sí mismo, tiene una honda raigambre bíblica. Desde el conocido y familiarísimo salmo 23, pasando por multitud de textos en el Antiguo Testamento, Dios se presenta como el Pastor de Israel. Todas las imágenes que empleamos para acercarnos al misterio de la relación de Dios con nosotros son aproximacion es. Ninguna imagen está exenta del peligro de manipulaciones y malas aplicaciones. Esto se aplica también a la imagen del
Pastor.

En la comprensión de la imagen y la realidad a la que apunta, es necesario incluir la imagen de las ovejas. El concepto de “pastor” las reclama. En el texto del evangelio que la Iglesia nos presenta hoy, el acento cae sobre el pastor, no sobre las ovejas. Se pregunta qué hace falta para que un pastor sea
bueno. Se enumeran una serie de requisitos: el pastor que es bueno, que no es un simple asalariado, conoce sus ovejas, se preocupa por ellas, las cuida y
las defiende. Es pastor y es guardián a la vez. Llama a las ovejas por su nombre. Es reconocido por las ovejas que al escuchar su voz lo siguen dócilmente.


Es saludabilísimo poner el acento en el pastor y sus cualidades. Es peligrosa la aplicación del concepto de “ovejas” a las personas a quienes atiende el pastor. En primer lugar, por eso mismo: son personas, con una capacidad de discernir, de tomar decisiones, no de ser llevadas como una masa dirigida por consignas. En segundo lugar, como consecuencia de lo que acabo de decir, la relación entre pastor y oveja se plantea como relación fraterna, de acompañamiento mutuo entre personas de igual dignidad.

Jesús insiste en una cualidad particularmente necesaria en un Buen Pastor. Es la disposición a dar la vida por las ovejas. Al referir la imagen en primerísimo lugar a su
propia persona, Jesús añade lo que aparece en el título de este espacio. A Jesús lo matan, pero nadie le quita la vida. Esa la ofrece Él como obediencia al Padre y regalo a sus ovejas.

 Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.