Jesus Pan de Vida

Pido prestada una reflexión sobre este evangelio de hoy al P. Javier Gafo, S.J. (+).

El P. Gafo, en sus comentarios bíblicos sobre las homilías del ciclo B, nos hace caer en la cuenta de la diferencia que hay entre un pensamiento “lineal” y un pensamiento “circular”, propio del estilo del evangelio de San Juan. En el pensamiento lineal, se van desarrollando ideas con poca o ninguna repetición de lo ya dicho. En el pensamiento circular, se vuelve una y otra vez sobre lo ya expresado, añadiendo en cada “vuelta” algún elemento nuevo.

Ese es el caso con el evangelio de hoy.Es la continuación del largo discurso de Jesús sobre el pan de la vida. En este discurso, Jesús se compara a sí mismo con el maná, el pan de los israelitas en el desierto. Se repite una y otra vez que Jesús es el verdadero pan que baja del cielo. Se repite también que ese pan es el que da la vida al mundo.

En el evangelio de hoy lo “nuevo” es la afirmación de que el pan que da Jesús es su carne y su sangre como verdadera comida y verdadera bebida. Con el realismo chocante y provocador propio del lenguaje hebreo,
dice Jesús que nos dará a comer su carne y a beber su sangre. No podemos culpar a sus oyentes por el rechazo que muestran ante estas palabras. Es verdaderamente un lenguaje crudo y fuerte. Es totalmente inaceptable tomado al pie de la letra.

“¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?” En el pensamiento hebreo, mucho más integral y unificado que el pensamiento dualista propio de los griegos, las personas no “tenemos” un cuerpo de carne y sangre.

“Somos” esa carne y esa sangre en relación con todo lo que nos rodea. Al presentarse ante nosotros con toda su realidad humana, con su cuerpo y con su sangre, Jesús hace donación completa de toda su persona. Invita a entrar de lleno en su proyecto de amor solidario. El acto eucarístico de la comunión nos hace participar plenamente de la vida de Jesús. Verdaderamente “vivimos por Él” al comulgar. Jesús vive la misma vida del Padre que lo envió. Nosotros también, enviados por y con Jesús, vivimos por Él.

  Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.