Marcos7 31 37

El evangelio de hoy nos presenta a Jesús en su ministerio de sanación. En este caso la curación de un sordomudo. Hay algunos detalles significativos en este episodio.Casi todos tienen que ver con la preocupación de Jesús de que sus obras milagrosas no sean motivo de ponerlo a Él en el centro.

Jesús rehúye toda publicidad.Se lleva al sordomudo aparte. No va a hacer ningún show de su curación.Después de curarlo,Jesús pide que no lo digan a nadie. Pero
mientras más se lo pide, menos caso le hacen. Dice el evangelio que lo proclamaban con más insistencia.
Como resultado, la gente empieza a decir de Jesús la frase que encabeza este espacio:

“Todo lo ha hecho bien. Hace oír a los sordos y hablar a los mudos”.En la primera lectura de este domingo,el profeta Isaías ya había anunciado que el Mesías abriría los oídos del sordo y soltaría la lengua del mudo. Jesús da cumplimiento a esa profecía.

Los comentaristas del evangelio de San Marcos se refieren a esta preocupación de Jesús de no atraer atención a su persona.Hablan del “secreto mesiánico”. A Jesús le interesa que las personas vean los signos que él hace como indicación de que el Reino de Dios se ha acercado. Será solamente en el capítulo 8 de su evangelio que Jesús preguntará a los discípulos qué es lo que la gente habla sobre Él y por último qué es lo que los discípulos mismos dicen sobre su persona. El resto del
evangelio lo dedicará Marcos a mostrar que Jesús no tratará de satisfacer las expectativas que el pueblo tenía sobre el Mesías. No va a ser el Mesías triunfador y
guerrero que la gente había soñado. Será un Mesías servidor, sufriente, rechazado por las autoridades y puesto a muerte.

El episodio de la curación del sordomudo incluye este secreto mesiánico como parte del que “todo lo ha hecho bien”. No solamente pasó haciendo el bien, sino haciéndolo de manera humilde, no reclamando ser exaltado como un Mesías protagonista. Para Jesús el protagonismo tiene que ser para el Reino de Dios y para el Dios del Reino.

¿Qué nos dice este episodio a nosotros? Nos invita a pedirle a Jesús que también abra nuestros oídos para escuchar su palabra y suelte nuestra lengua para anunciarlo..


  Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.