matrimonio

(Nota editorial: Este material no es apto para menores de 85 años…) Pocas dimensiones de la persona humana alcanzan tanta profundidad como la de la sexualidad
y pocas profundidades humanas han sido tan poco respetadas como ella. La unión sexual entre el hombre y la mujer es mucho más honda y más estrecha que la sola com-penetración de sus cuerpos y sus órganos genitales.

La cercanía y la intimidad genital es una parte integral y hermosa de la relación sexual pero no es suficiente para garantizar la calidad humana del encuentro sexual. El ideal que plantea Jesús, al responder a la pregunta estrecha y limitada de los fariseos, remite el tema de la sexualidad a los orígenes, al plan divino sobre la relación hombremujer.

La preocupación farisea se centra sobre el fracaso de la relación y su “solución” en el divorcio.No se puede descalificar la pregunta sin más. Las relaciones que no funcionan y se rompen son una parte dolorosa de la realidad. Como tal, nos obligan a buscar respuestas compasivas y humanas ante ese dolor y esas heridas. No dispongo ni de espacio ni de herramientas para enfrentar ese tema. Pero si seguimos la pista que ofrece Jesús al referirse “al principio”, puede que se nos haga
menos difícil el encontrar las respuestas pastorales adecuadas.

El ideal de la sexualidad humana es la comunión integral de la pareja. La expresión “una sola carne” no es solamente una referencia a la cercanía íntima del
abrazo sexual. Esa unión física es sacramento de una unión más honda, la unión y comunión de dos personas que sin dejar de ser diferentes se embarcan en el difícil
proyecto de crear una nueva realidad. Ese proyecto es costoso. Supone que tanto el hombre como la mujer “dejan a su padre y a su madre” para unirse entre sí.

Dejar padre
y madre es romper toda dependencia quasi-infantil que les impida el acto adulto de la donación de sí mismos. Ese dejar es a la vez condición y resultado de la madurez necesaria para poder emprender el proyecto del matrimonio. No es que Jesús ignore la posibilidad del fracaso de una relación. Sin embargo,
escoge acentuar lo que es la salud de la relación: la conformidad del proyecto sexual humano con “el principio”, el sueño de Dios sobre nuestra sexualidad.

  Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.