Seguir a Jesus

No tenemos mucha información sobre la persona que se acerca a Jesús en el relato que nos trae hoy el evangelio de San Marcos. El evangelio habla de “un hombre”. Nos dice que se acercó “corriendo”. Más adelante se nos dice que “tenía muchos bienes”.

Tradicionalmente se le ha puesto a este episodio el título del “joven rico”. Quizás la referencia a la juventud de esta persona tenga que ver con el acento vocacional que marca muchos tratamientos del texto. Hay que aclarar que “vocacional”, en la mayoría de esas referencias, se usa en el sentido restringido de “vocación religiosa” o “vocación sacerdotal”.

No entro a discutir aquí si es válido o no ese manejo del texto de San Marcos ni me interesa dilucidar lo de la edad del personaje. Nos acercamos con respeto a lo que nos dice Marcos.

Al decirnos que se acercó “corriendo” nos habla de lo importante y urgente que es para esta persona el “negocio” que tiene con Jesús. Esto queda sustanciado más todavía por su pregunta:

“Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?”.Se trata de la preocupación por algo tan crucial como la salvación eterna.
La respuesta de Jesús no corresponde exactamente con lo que se le preguntó. Se dirige primero al título y calificativo que recibe de esta persona: “Maestro” y “bueno”. Nadie es bueno, sino solamente Dios, le dice Jesús. Confieso que no me queda claro el sentido de esta primera intervención de Jesús. El resto de su
respuesta sí va directamente a la pregunta: Ya sabes lo que está mandado: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, no cometerás fraudes, honrarás a tu padre y a tu madre. La observancia de los mandamientos, observancia hecha al “único Bueno” que es Dios, es lo que necesitas hacer para alcanzar la vida eterna.

Ahí hubiera terminado el intercambio si esta persona no hubiera añadido el deseo, implícito, de algo más. “Todo eso lo he cumplido desde muy joven”. Jesús, al responder a ese deseo, eleva el diálogo a otro plano. Sale de lo que está mandado. Pasa a invitar a esta persona al seguimiento. El seguimiento no es necesario para la vida eterna.

Pertenece al campo de lo gratuito, del “si quieres”. Al escuchar lo “que le falta” (ve y vende lo que tienes), la persona se entristece y se marcha. “Tenía muchos bienes”.Cuando Jesús añade el comentario triste sobre la dificultad de los ricos para salvarse, plantea algo esencial para la vida de todo cristiano, religioso, sacerdote o laico. El seguimiento literal de Jesús no será necesario para salvarse, pero sí lo es la libertad radical del corazón ante lo que se tiene. Esa libertad solamente la da el amor apasionado a aquel que es el “único Bueno”.

  Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.