Queremos ver Jesus

Los cuentos de hadas y las historias infantiles nos han presentado muchas veces la situación de quien se encuentra con un genio o espíritu bondadoso que nos ofrece
pedirle deseos. Los genios de estos cuentos varían en cuanto a su generosidad: unos ofrecen tres deseos, otros dos o uno solo. Los personajes de las fábulas, según la moraleja que quiera sacar su autor, también difieren mucho en cuanto al contenido de sus peticiones. Recordamos el triste desenlace de Loppi en el cuento de Laboulaye, El Camarón Encantado, en La Edad de Oro de José Martí. La ambición desenfrenada de su mujer y la incapacidad de Loppi para poner límite a los deseos de ella acaba por destruirlos a ambos.

El evangelio no es un cuento de hadas, pero en varias ocasiones Jesús pregunta a personas necesitadas qué es lo que desean. En el dramático encuentro del
evangelio de hoy, el ciego Bartimeo, al oír que se acerca Jesús a quien conoce por su fama de sanador, comienza a gritar y a pedir que se apiaden de él. Desafía los
regaños de los que quieren callarlo por su gritería.

Mientras más quieren que no moleste al Maestro, más fuertes son sus gritos, nacidos de la desesperación y de la fe.Los gritos tocan el corazón del Maestro que quiere conocer a quien clama con tanta insistencia. Manda a los que le rodean que le traigan al ciego. Nos dice San Marcos que cuando Bartimeo oye que Jesús quiere verlo, suelta su manto (símbolo y realidad de todas sus posesiones), se levanta de un salto y es ayudado a llegar donde Jesús (lo ayudan probablemente los mismos que hace un momento lo mandaron a callar…).

La pregunta de Jesús va también dirigida a nosotros. “¿Qué quieres que haga por ti?” A diferencia de los personajes de las fábulas,Bartimeo no tiene la menor dificultad en responder. “Maestro, que pueda ver”. Está tan en hondo contacto con su necesidad fundamental que no se distrae con ninguna otra cosa.
Salir de la ceguera es su necesidad.

Al vernos en la persona de Bartimeo, necesitamos entrar en lo más profundo de nuestro ser y tocar nuestras necesidades más vitales. “Maestro, que yo pueda…”. El
evangelio de hoy nos anima a aprender a pedir, a pedir con insistencia y con fuerza. El pedir no nos humilla. Pide quien sabe lo que más falta le hace y lo que no podemos
alcanzar con nuestras fuerzas.

  Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.