3 armas

Después de crear el mundo estaba el buen Dios, contemplando su obra con gozo y complacencia. Pero vio que había una criatura que estaba triste y silenciosa.

Era el frágil corderillo. Dios se fijó en el dolor de ésta criatura. Y le preguntó: ¿Qué te falta?
Mira, Señor, respondió el cordero entre suspiros Yo soy débil e indefenso, estoy dispuesto a las agresiones de todos los animales. ¿Por qué no me das un arma para defenderme?

Otros animales tienen cuernos puntiagudos, afilados colmillos, dientes venenosos. Pueden volar y pueden sumergirse y escapar. Yo estoy indefenso frente a caprichos de los enemigos.

La lamentación del cordero conmovió a Dios. Y le dijo Dios: te permito que elijas un arma con la cual puedas destrozar al que se te acerque.

No, mi Dios y Padre respondió el cordero no quiero armas peligrosas. Te pido un arma que me haga olvidar las injusticias o que haga soportable mi dolor.

Bien, dijo Dios te doy tres armas poderosas. Con ellas no caerás en la desesperación.

Te doy éstas tres: Mansedumbre, entrega y paciencia