Rezar y Trabajar

Domingo XV Tiempo Ordinario, Mc 6,7-13.


Os contaré una historia de la vida de los Padres que no deja de tener gracia y filosofía. Llegó al monasterio que gobernaba el santo Abad Silvano un monje que pidió hospitalidad. Encontró a todos los monjes ocupados haciendo cestas y esteras, y le dijo muy ofendido:

¿Para qué trabajáis en busca de la comida que perece? El mantenimiento del espíritu, que no se acaba nunca, es el que tenéis que buscar.

El Abad hizo que le hospedaran en una celda donde no había nada, y allí le dejaron. Llegó la hora de comer, y el huésped no hacía más que mirar a una parte y a otra a ver si le llamaban. Se hacía tarde y el hambre apretaba. Se fue al fin al Abad y le dijo:

- Padre ¿no comen los Hermanos en esta casa?

Sí comen respondió el Abad.

¿Pues cómo no me han llamado?

Porque vos sois hombre espiritual y no necesitáis comida de la tierra; nosotros, como hombres de carne, si, y por eso trabajamos para ganarla.
Quedó el monje, corrido y hambriento, pero aleccionado.


TENEMOS LA OBLIBACIÓN DE TRABAJAR, MISIONAR.