Evangelio del Domingo

Mis palabras no pasaran(Marcos 13,24-32)

 El discurso sobre el fin del mundo,lleno de imágenes aterradoras (el sol y luna oscurecidos, estrellas cayendo del cielo y los “ejércitos celestes” temblando), ha causado y seguirá causando temor. Ese temor alcanzó niveles muy altos cuando comenzábamos el nuevo milenio y fue aprovechado por algunos predicadores tremendistas para invitar a las personas a la conversión. Los temores se acrecientan cuando van acompañados por la incertidumbre del calendario del fin de los
tiempos. “El día y la hora nadie lo sabe”, ni siquiera los ángeles del cielo.

En contraste con el discurso aterrador, resuenan las palabras de Jesús afirmando su permanente cercanía: “Sepan que él está a la puerta”. No tenemos idea —tampoco nosotros sabemos día ni hora— pero sí tenemos la seguridad de que toda nuestra historia, desde el comienzo hasta el incierto final, está en las manos de Dios. Más todavía, tenemos la promesa de Jesús de que sus palabras, toda la propuesta de vida que Jesús vino a traernos, no pasarán ...




 

Rico y Viuda (Marcos 12,38-44)


La madre Teresa de Calcuta nos decía que “hay que dar hasta que duela”. La valoración de lo que damos no se hace, en la aritmética evangélica, simplemente constatando la cantidad que se da. En la escena del evangelio de hoy, Jesús observa las distintas cantidades que echan en el cepillo del templo los que vienen a orar. Muchos ricos, nos dice arcos,“echaban en cantidad”. Una diferencia notable con las dos miserables monedas que echa la viuda pobre

Una cantidad despreciable.A los ricos que echaron grandes cantidades no les duele lo que dieron. Dice Jesús que echaron de lo que les sobraba. La viuda echó todo lo que tenía para vivir. Pensó probablemente en las personas que tenían todavía menos que lo que a ella le quedaba
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Marcos 1228b 34(Marcos 12,28-34)



El evangelio de este domingo narra el encuentro entre Jesús y un letrado. Este diálogo, a diferencia de otros encuentros del capítulo 12 de Marcos, no está motivado por el deseo de poner a prueba al Señor, ni por la crítica a los comportamientos religiosos de su tiempo. Jesús y el letrado entran en una conversación donde cada uno muestra lo más íntimo de su búsqueda de Dios y ambos salen enriquecidos de esta
 
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