Evangelio del Domingo

santicima trinidad

¡Qué difícil es repetir muchas veces las mismas palabras sin que empiecen a gastarse como monedas viejas!

Cada vez que nos santiguamos, cuando rezamos el Gloria, cuando comenzamos nuestras celebraciones de la misa o nuestras oraciones, repetimos las palabras que encabezan este espacio.

Las acompañamos con el gesto de la señal de la cruz hecha sobre nuestra frente, el pecho y los brazos.



 

 


pentecostes2018

La fiesta de Pentecostés ha sido llamada con toda razón la fiesta del nacimiento de la Iglesia.

Al convocar discípulos, Jesús había puesto ya la semilla de su comunidad, pero este pequeño grupo de seguidores necesitó el don del Espíritu Santo para convertirse plenamente en la Iglesia de Jesús.

Aunque San Lucas recoge de manera dramática el episodio de la venida del Espíritu Santo en el libro de los Hechos, tanto en este libro como en los Evangelios se nos presentan diferentes momentos de la unción del Espíritu sobre los discípulos.





ascencionLa palabra de Dios es eficaz y es viva. La proclamación de esa palabra a toda la creación es el encargo que hace Jesús a sus discípulos antes de subir al cielo. Esa subida, esa “ascensión” es el misterio que celebramos hoy. El encargo a los discípulos se nos confía también a nosotros. Por eso vale la pena detenernos a escuchar con atención lo que Jesús nos dice sobre este encargo.

La eficacia y la fuerza de la palabra se van a hacer visibles a través de los signos que acompañarán a la predicación. Sin signos, la palabra corre el riesgo de ser llevada por el viento.

Vivimos en una sobresaturación de palabras y de ideas. Solamente las palabras que vengan a nosotros cargadas de signos tendrán la capacidad de movernos.