pente2018
La fiesta de Pentecostés ha sido llamada con toda razón la fiesta del nacimiento de la Iglesia. 

Al convocar discípulos, Jesús había puesto ya la semilla de su comunidad, pero este pequeño grupo de seguidores necesitó el don del Espíritu Santo para convertirse plenamente en la Iglesia de Jesús.

Aunque San Lucas recoge de manera dramática el episodio de la venida del Espíritu Santo en el libro de los Hechos, tanto en este libro como en los Evangelios se nos presentan diferentes momentos de la unción del Espíritu sobre los discípulos.

En el evangelio de San Juan que se nos lee hoy en la Eucaristía, el don del Espíritu lo hace Jesús resucitado en su primer encuentro con los discípulos. Las puertas cerradas y el temor no pueden mantener a Jesús fuera ni pueden tampoco ser obstáculo para la entrega de este gran regalo de la efusión del Espíritu.

Jesús relaciona la venida del Espíritu Santo con la misión que ahora Él confía a sus discípulos, la misma misión que Él ha recibido del Padre. La comunidad nace en el mismo momento en que es enviada, dispersada en su misión evangelizadora y reconciliadora.

El don del Espíritu no es solamente ni principalmente para ser disfrutado en la intimidad. Es la capacitación para la gran obra misionera de hacer presente en esta historia el poder del mensaje y de la resurrección de Jesús. Si la Iglesia no es misionera, no es Iglesia y ciertamente no es Iglesia de Jesús.

Para llevar a cabo con éxito esta misión, la naciente comunidad necesita diferentes elementos. Las diferentes lecturas de hoy nos los van identificando.

El libro de los Hechos presenta a una comunidad reunida en oración y en paciente espera.San Lucas destaca tres signos sorprendentes, el tercero más que los dos primeros, que son el viento impetuoso y las llamaradas de fuego que se posan sobre cada uno de los discípulos. El tercer signo es la capacidad de hablar y comunicar con todas las lenguas extranjeras presentes. Ningún otro signo expresa mejor la capacidad traductora del Espíritu para comunicar a toda lengua y a toda cultura el único misterio de Jesús.

La primera carta de Pablo a los Corintios destaca la diversidad de dones y servicios originados por el mismo Espíritu y regalos de un mismo Señor. Todo dado para el bien común.

Día privilegiado para orar con María y la comunidad de los discípulos: Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en nosotros el fuego de tu amor.



Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.