II DOM PASCUA C

El pobre Tomás: tuvo que aguantar como un héroe todos los ataques de los discípulos que ya se habían encontrado con Jesús mientras él seguía en su testarudez no creyente. Encima de eso, se ha convertido en símbolo de fe pobre y deficiente para todas las generaciones de cristianos que han venido detrás de él.

Me gustaría decir una palabra de apoyo a Tomás en este espacio. No lo criticamos por no haber estado con los demás discípulos cuando Jesús se apareció al grupo. Sí se le puede criticar por su cerrazón a la posibilidad de que fuera verdad lo que decían los compañeros.

Pero, con todo respeto a Jesús y a los que hemos repetido la acusación de que no creyó por no haber visto, es posible que la comunidad cristiana necesite el aporte de la duda de Tomás.

La Iglesia sufre —no ella sola, parece ser una enfermedad más amplia— de una saturación de palabras y discursos. Ya no nos caben más ideas. Necesitamos experiencias. Necesitamos ver. La Resurrección de Jesús fue acompañada de signos. El Resucitado se dejó ver por muchos testigos. Tomás nos reclama que le permitamos ver, ver por él mismo, ver lo que ya sus compañeros vieron. Él necesita hacer la experiencia, no solamente que le demos el discurso de la verdad de nuestra experiencia.

Instintivamente, Tomás reclama algo más. Al pedir meter la mano en la herida del costado y sus dedos en los huecos de los clavos, Tomás está pidiendo a los testigos de la Resurrección, incluyendo al mismo Jesús, que muestre sus “credenciales”. Solamente puede consolar quien lleva en su cuerpo las señales de la cruz. Solamente son creíbles las palabras de quien ha pasado por nuestro mismo tormento.

Por eso, necesitamos a Tomás. Igual que él, necesitamos hacer el camino de la fe, el camino del encuentro con Jesús resucitado. Camino lento, no solitario, pero sí individual y único. Acompañados por la comunidad que seguirá ofreciéndonos sus signos. Será siempre saludable recordar que Tomás no se encontró con Jesús hasta que no regresó con sus hermanos y hermanas. La Resurrección no es una tanda privada para individualistas.

Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.