seguidores de Jesus

El evangelio de hoy está marcado por un sentido de urgencia. Comienza con la salida de Judas del cenáculo, momento que San Juan identifica con el comienzo de la glorificación de Jesús y del Padre. Inmediatamente, Jesús comunica a sus discípulos que le queda poco tiempo de estar con ellos. En ese contexto es que Jesús entrega a sus discípulos el mandamiento nuevo, el mandamiento de amar como Jesús nos ha amado.

Este amor nuevo y extremo, amor "imposible" desde nuestra perspectiva y nuestras fuerzas, constituirá la señal identificadora de los discípulos de Jesús.

Conviene detenernos un poco a examinar este "carnet de identidad" del discipulado cristiano. Muchos grupos y muchas instituciones, religiosos o no, dan a sus miembros distintivos para que puedan ser identificados como pertenecientes a un colectivo determinado. Esos distintivos pueden ser muy diferentes en cuanto a visibilidad y tamaño. Los distintivos más discretos se llevan en un bolsillo o una cartera (una tarjeta o carnet). Pueden ser pequeños y poco llamativos, como una medalla colgada al cuello o un botón de solapa. Pueden ser mucho más visibles como una ropa especial, por ejemplo, el hábito de una religiosa, la sotana de un sacerdote, una camiseta con el emblema de la institución, etc.

No hay ningún problema con el uso de distintivos externos. Son símbolos visibles de realidades muy hondas. El anillo de matrimonio o de profesión religiosa "dice" muchas cosas sin multiplicar palabras. Pero Jesús no quiso que la identificación de sus discípulos estuviera en "cosas". Quiso que la señal distintiva fuera una manera de actuar y más profundamente, una manera de ser.

Precisamente por ser un mandamiento que desborda nuestros límites, por no ser lo que "naturalmente" nosotros haríamos, es que puede ser la señal distintiva de los seguidores de Jesús. Solamente a Jesús se le podía haber ocurrido amar de la forma y en la profundidad con que Él amó.

Decía más arriba que el mandamiento del amor fraterno va más allá de la dimensión del actuar. Afecta nuestra manera de situarnos ante la realidad. Nos hace ser como Jesús. Por lo menos, nos invita a aspirar a esa identificación completa con la persona de Jesús, identificación propia de sus seguidores.

Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.