Pidan y se le dara

 

Tenemos que agradecerle a los discípulos de Jesús esta petición al Maestro. Nos hemos beneficiado también nosotros por la enseñanza de Jesús y recibimos esa joya de oración que es el Padre Nuestro. Tenemos que agradecerle también a San Lucas que haya recogido en este evangelio de hoy otros dos elementos importantísimos en el aprendizaje de la oración. Es en ellos que quiero fijarme más.

Si la oración del Padre Nuestro nos enseña lo que debe ser el contenido de nuestra oración, el qué de ella, la comparación que viene a continuación apunta más al cómo de nuestra comunicación con Dios. Según Jesús, la oración debe estar atravesada de la misma confianza extrema del amigo. No solamente la confianza sino también la persistencia. En una nota de mucho humor, señala Jesús que el amigo que estaba ya durmiendo se levantará a complacer la petición, ¡no tanto por ser amigo sino para poderse librar de esta plaga molesta!

El otro elemento que añade San Lucas es más delicado. Apunta a un área de mucha incomodidad y mucho malestar en referencia a la triple afirmación que hace Jesús sobre la eficacia de la oración: Pidan y se les dará, busquen y hallarán, llamen y se les abrirá. Muchas personas se quejan con amargura de que esto no ha sido verdad en su experiencia. Ni han recibido, ni han hallado y muchas puertas han quedado cerradas. “Tanto que le pedí a Dios que curara a mi mamá y se murió". "Me cansé de hacer novenas a San Judas para ya usted sabe qué y nada".

Hay que enfrentar con seriedad esta repetida queja de tantas personas de buena voluntad que han sentido debilitarse su fe ante la aparente ineficacia de su oración.

Sin caer en la arrogancia de querer explicar a Dios o de convertirnos en sus abogados defensores, sí me arriesgaría a ofrecer una pista que aparece en la última comparación que hace Jesús con el comportamiento de los padres terrenos. Ninguno de ustedes, dice Jesús, le daría una piedra a su hijo cuando pide pan, o serpientes cuando pide un pez. Y continúa: si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿cuánto más lo hará su Padre del cielo?

La promesa de Jesús sobre la eficacia de la oración se refiere a las cosas buenas que el Padre quiere darnos. Lo más bueno que el Padre nos ofrece es su Espíritu Santo. Puede ser que las "cosas buenas" del Padre no coincidan con las cosas buenas que imaginamos o deseamos. Esos son "otros cinco pesos", pero no invalida la promesa de Jesús.

   

Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.