Tercer Domingo de Pascua

En el capítulo 24 del evangelio de San Lucas, después del encuentro de Jesús con los discípulos de Emaús, tenemos un intercambio de “cuentos”. Los discípulos que regresan a la comunidad en Jerusalén cuentan lo que les ha pasado en el camino. A su vez, los discípulos que habían quedado en Jerusalén cuentan cómo el Señor se le ha aparecido a Simón.

La resurrección de Jesús no es un cuento, pero necesitamos acercarnos a ella a través de lo que nos cuentan los testigos. Mucho antes de que la Iglesia elaborara su
teología, su entendimiento racional, del misterio de Jesús muerto y resucitado, teníamos ante nosotros los cuentos de los que se han encontrado con Él.

Las noticias, incluida la Buena Noticia, el Evangelio, se cuentan antes de ser interpretadas y explicadas. En el mejor sentido de la expresión, la Iglesia “vive del cuento”. La doctrina y la reflexión teológica son importantes y necesarias. La Iglesia tiene que dar cuenta de lo que cree y tiene que tratar de dar palabra y razón de su fe a todas las culturas. Necesita dialogar con todas las disciplinas humanas, incluyendo en ese diálogo a la filosofía y a la ciencia.

Pero es importante recordar siempre la importancia y centralidad de contar lo que “nos ha pasado en el camino”.Contar nuestra experiencia es una invitación a las personas que nos oyen a mirar a su propia vida para encontrar allí las señales del paso del resucitado.

Contar la Buena Noticia es comunicar las palabras y las señales que constituyen el encuentro y la experiencia. Los discípulos de Emaús cuentan primero cómo reconocieron a Jesús al partir el pan y comparten todo lo que Jesús les enseñó en el camino. En la escena del evangelio de hoy, nos cuenta San Lucas que
Jesús también explica las Escrituras a sus discípulos después de darles muchas señales. Les ha mostrado las manos y los pies atravesados por los clavos, ha compartido el pez asado que les había sobrado.

En el proceso de la evangelización, también nosotros tenemos que entrenar nuestra mirada para reconocer las señales que Jesús multiplica a nuestro paso. La Buena Noticia no puede ser solo palabra. Jesús acompañó su predicación con señales sanadoras y gestos de acogida. Esa manera de contar es normativa para nosotros.

 Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.