Profeta Jesus

El escándalo de lo conocido y lo familiar: somos mucho más receptivos a la voz profética que viene de fuera. Jesús fue víctima de este prejuicio. Su gente creía
conocerlo demasiado bien. Había crecido entre sus familiares y vecinos. Todo el mundo sabe que Jesús no es rabino, ni maestro de la ley. No ha estudiado. En vez de juzgarlo por la calidad de su palabra y de su vida, es rechazado por su falta de credenciales.

No tengo nada en contra de las competencias que ofrecen los estudios y la formación académica.Pero sí en contra de la sobrevaloración que hacemos
de los títulos y el brillo que da el acceso a la educación formal de universidades y escuelas. Vivimos rodeados de personas que se han graduado de la universidad de
la vida. Personas que brillan no por sus títulos sino por la calidad del manejo que hacen de situaciones y la profundidad con que miran a la realidad.

Quiero compartir con ustedes esta experiencia que me marcó profundamente. Hace ya muchos años, reunido con un grupo de personas prácticamente
analfabetas, nos acercábamos a un pasaje del evangelio. Después de leer y escuchar el texto, invité a los participantes a que hiciéramos un momento de
silencio y de oración. Después, les dije, podemos compartir lo que nos dice esta lectura. Una joven viuda, con apenas una educación primaria de quinto grado,
empezó a comentar el evangelio. Sus palabras, muchas de ellas imperfectamente pronunciadas, nos llegaron a todos al alma.

Esta “doctora evangélica” nos llevó de la mano al encuentro con Jesús. De
pronto, en un momento de máxima inspiración y profundidad de su comentario, se detuvo y con mucha vergüenza me pidió excusas. “Perdone, Padre, es usted el que debía explicarnos esta lectura”. Me costó mucho trabajo convencerla de que continuara, aunque ya se había roto de alguna manera la magia de aquel momento. Pienso con pena que es posible que algunos de los oyentes estuvieran de acuerdo con su interrupción.

La consecuencia más triste de este prejuicio contra los profetas que viven a nuestro lado es la incapacidad que produce en nosotros de abrirnos a la fe y al poder
sanador de Jesús. Pido a Dios que nos haga atentos y dóciles a la voz de tantas personas humildes, sin fama y sin títulos, que pueden enriquecernos tanto en el
conocimiento de Dios.

  Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.