VigilanciadetodosLa parábola de este domingo: una boda, la fiesta preparada para recibir a los nuevos esposos, diez muchachas a quienes se les confía recibirlos y alumbrarles el camino con sus lámparas. El tema de la parábola: la necesidad de la vigilancia y de vivir alertas a la venida del Señor y a su paso por nuestra vida.

Ubicada en el contexto de las enseñanzas finales de Jesús a sus discípulos, la parábola es dura, plantea exigencias y retos definitivos: se trata de la fidelidad, se juega la salvación y la pertenencia al Reino de Dios.

Ninguna de las diez muchachas sabe con exactitud la hora de la llegada de los esposos y del comienzo de la fiesta. Ninguna de ellas logra mantenerse despierta, todas se duermen en la larga espera. Hasta aquí no hay diferencia entre ellas.

Pero cinco de las muchachas son “necias”, dice Mateo. Llevaban sus lámparas, pero no se preocuparon de abastecerse de aceite suficiente para mantenerlas prendidas. Cinco eran “prudentes”: junto con las lámparas llevaron aceite.

Al llegar el esposo, todas prenden sus lámparas, pero en seguida se empieza a ver la diferencia: las lámparas de las cinco muchachas necias se apagan, se les acaba el aceite. Piden aceite a sus compañeras, pero no alcanza para todas.

Pudiera parecer a primera vista que las muchachas del aceite son prudentes, pero no solidarias. Pero aquí está la otra enseñanza de la parábola: además de la vigilancia, Jesús nos dice que el aceite, la relación con Dios que alimenta y que ilumina nuestras vidas, no es transferible. Nadie puede darme de su aceite. Nadie puede creer en mi lugar. Nadie puede sustituirme en el sí a Dios, en la responsabilidad personal por mi vida.

No sabemos el día ni la hora. Es necesaria una actitud de permanente vigilancia, de constante discernimiento. La vigilancia puede coexistir con el cansancio. Podemos dormirnos. Pero no podemos descuidar nuestra reserva de aceite. La vigilancia no es la que nace del temor: que no me sorprendan durmiendo. Es la vigilancia atenta que nace del cariño, del deseo de servir y de agradar al Señor que viene.

Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.