Quien dicen soy yo

Si alguien hace o dice algo que no está bien, se le llama aparte, se le mira y se le llama la atención. Es el procedimiento correcto y elegante. Después de haber respondido correctamente a la pregunta que Jesús le dirige a todo el grupo, reconociendo a Jesús como Mesías, Pedro se desconcierta y se escandaliza ante la profecía que hace Jesús sobre su destino como Mesías.

Siguiendo a la perfección el “manual” de la corrección fraterna, Pedro se lleva a Jesús aparte y trata por todos los medios de ayudarlo a “entrar en razón”. “Perdona, Señor, que yo me entrometa en tus diseños mesiánicos, pero creo que hay una pequeña confusión. Seguro que no te expresaste bien. Todo esto del rechazo, del
padecimiento y de la muerte no creo que pega con el resto del ‘paquete mesiánico’. Lo tuyo debe ser el triunfo sobre tus enemigos, no al revés”.

A diferencia de Pedro, Jesús se sale del esquema apropiado para la corrección entre hermanos. No le responde a Pedro dentro del mismo “paréntesis”, del mismo “aparte”. La respuesta es para Pedro, pero se le da “mirando a sus discípulos”. Lo que está en juego no es solamente la incapacidad de Pedro para acoger el misterio mesiánico de Jesús que contradice la expectativa del Mesías triunfante y glorioso. El regaño que se le da a Pedro tiene que hacerse delante de los discípulos porque lo que está siendo cuestionado va más allá de la comprensión que tiene Jesús de su misión mesiánica.

Se trata, ni más ni menos, de la calidad del seguimiento de los discípulos al Maestro. Ese seguimiento comienza con la identificación en la comprensión y en la vida con la manera de juzgar de Dios, distinta a la nuestra. Supone la aceptación de la lógica del “ganar y el perder” en clave evangélica. Incluye el compromiso de participar en el destino histórico de Jesús cargando con su cruz, con la nuestra y con las cruces de los hermanos.

Si Pedro habló en nombre de todo el grupo, es a todos ellos que va dirigida la fuerte corrección que hace Jesús. Querer apartar a Jesús de la fidelidad al Reino de Dios es un proyecto “diabólico”. Tiene que ser rechazado de la forma más enérgica posible.

  Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.