Cuidar iglesia

En la lengua española, el artículo definido “el” se refiere a cosas que no tienen posibilidad de sustitución. ¿Cuál es el camino que lleva a la catedral? Si respondo, “este es el camino” excluyo otras alternativas. El artículo indefinido “un” admite alternativas.

Este repaso de gramática no es gratuito. Tiene todo que ver con un tema espinoso que aparece en el evangelio de hoy. Juan se acerca a Jesús para pedirle que prohíba a una persona que no es del grupo el expulsar demonios en nombre de Jesús. La razón: “no es de los nuestros”.
 
Hay dos maneras de acercarse a este tema y probablemente cada una de ellas podría darle título al tema. Un nombre posible: “sentido estrecho de pertenencia”. Otro nombre:“intolerancia”. El resultado es el mismo: reclamar la exclusividad de una acción buena para el grupo de “los nuestros”.

Celebrar la presencia de buenas acciones y cualidades en el grupo al que pertenezco es algo bueno. Indica que me identifico con mi grupo, que estoy feliz de pertenecer a él. Denota un sano orgullo. Me contento con agradecer a Dios la existencia de este grupo y la gracia de sentirme parte de él. No me siento incómodo por el hecho de que fuera de mi grupo existan también las mismas cosas positivas que lo enriquecen.


Los grandes valores humanos de la justicia, la solidaridad, el amor, la fidelidad, etc. no son propiedad exclusiva de ninguna nación, de ninguna Iglesia o religión, de ningún gobierno o grupo social. Estas virtudes hablan una inmensa variedad de idiomas y encuentran su hogar en todos los rincones del mundo. La mirada intolerante se fija en el grupo al que pertenezco y se apropia de manera excluyente de las riquezas humanas que tiene el grupo. No es capaz de mirar más allá de las fronteras del grupo hacia Aquel que es autor y dador de todo de lo que nos sentimos orgullosos. Dirigir la mirada hacia el dueño de los regalos convierte el orgullo en agradecimiento.

Además de la invitación a ensanchar nuestros horizontes y a evitar la intolerancia, el evangelio de hoy nos muestra el tipo de intolerancia que sí debemos tener: rechazo radical a todo lo que pueda ser “escándalo” para los pequeños, para las personas de fe sencilla. Cuidar que nuestros malos ejemplos no sean ocasión de pecado para otros.

  Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.