talentosotorgadosQué entretenido es el deporte de las comparaciones! Entretenido y divertido, por supuesto, hasta que salimos perdiendo en la comparación. Eso no sucede con frecuencia. Somos lo suficientemente astutos para escoger bien con quién nos vamos a comparar.

El problema está en que siempre perdemos al compararnos, aun cuando creemos salir ganando. Es fácil ver la pérdida cuando considero a la otra persona superior en alguna cualidad. Pero perdemos también cuando creemos ganar: a ver si la parábola de los talentos en el evangelio de hoy nos ayuda a ver por qué (Mateo 25, 14-30).



El empresario que se va de viaje no confía a sus empleados la misma cantidad de
dinero. Uno recibe cinco talentos, otro recibe dos y el tercero recibe uno. Al oír contar esta parábola, con mucha frecuencia se le añade al “uno” el adverbio “solamente”: al tercer empleado se le da “solamente” un talento. El “solamente” no tiene sentido si no es
porque ya le metimos una comparación al “uno”. San Mateo ciertamente establece una diferencia entre los tres empleados. Nos dice que cada uno recibió “según su capacidad”.

Pero a ninguno se le compara con los otros dos. El número de talentos no tiene que ver con lo que los otros recibieron. A cada persona se la mide con referencia a ella misma, no con referencia a los demás.

¡Cuánta salud habría en nosotros si pudiéramos eliminar las medidas que hacemos de nosotros mismos usando a los demás como regla o standard de comparación!No tengo por qué mirar por encima del hombro a ver si mi hermano recibió cinco o produjo otros cinco. A mí no se me va a pedir que dé cinco si recibí dos talentos o uno. Mi mirada tiene que ir con gratitud y responsabilidad a los talentos que recibí. Muchos o pocos, los talentos no son míos.

Son regalo gratuito del Creador. Muchos o pocos, los talentos se me dieron para ponerlos a producir en beneficio de los demás, y desde ahí, también en beneficio propio. Al hacer fecunda mi vida en relación con las demás personas, yo crezco, me desarrollo, me hago más persona y más feliz.

A cada cual según su capacidad. De cada cual según su esfuerzo y su responsabilidad.

Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.