Sagrada Familia Cuba
En estas sencillas cuatro palabras, “el niño iba creciendo”, nos ofrece San Lucas un mundo de enseñanzas sobre Jesús, sobre la vida, sobre el misterio de la familia, contenido principal de la fiesta de hoy.

Al “iba creciendo”, añade Lucas “y se llenaba de sabiduría”. Es necesario tomar en serio estas dos frases. Tomar en serio significa darle más crédito a lo que nos dice el evangelista que a las imágenes preconcebidas que podamos tener de Jesús, el Hijo de Dios encarnado.

Una de las grandes herejías que ha provocado el misterio de la Encarnación es precisamente el no tomar en serio que Dios tomó en serio nuestra realidad humana al
asumirla. No fingió hacerse hombre. No pretendió hacer como si fuera hombre. Al entrar en nuestra historia como hombre, quiso hacerse semejante en todo a nosotros, menos en el pecado. No nació sabiéndolo todo. Tuvo que ir aprendiendo a ser persona. Tuvo que ir llenándose de sabiduría.

Tuvo que ir descubriendo quién era y cuál era su especial y única relación con el Padre. Descubrir que era “Hijo” como nadie más en esta tierra.

La escuela donde se “matriculó” Jesús para hacer todos estos aprendizajes fue la familia de Nazaret. De María y de José aprendió Jesús el amor a la ley de Dios. En el
evangelio de hoy se repite cinco veces que estos jóvenes esposos se presentaron al templo para cumplir lo prescrito en la ley del Señor. El rito de la presentación en el templo no fue una formalidad rutinaria y vacía. María y José entendieron que consagraban al primogénito al servicio de Dios.

La experiencia familiar de Jesús no estuvo exenta de conflictos, como podemos ver si doblamos la página del evangelio de hoy para sorprender a la familia de Nazaret en la dolorosa escena del niño que se pierde y es encontrado en el templo. Pero hasta esa experiencia nos acerca más a la humanidad de esta familia que tuvo que pasar por encima del desencuentro del templo (“¿Por qué me buscaban?”) para vivir en armonía.

María llevó todo ese doloroso episodio al corazón y allí fue entendiendo más y más el misterio de su Hijo. También ella fue creciendo en sabiduría.

Una invitación a acercarnos a las lecturas de la misa de hoy, un verdadero manual de entrenamiento para la vida familiar.

(Eclesiástico 3, 2-6. 12-14; Colosenses 3, 12-21).

Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.