cristoreyuniversoNo es fácil hoy, en pleno siglo xxi, hablar de reyes. Pero no es esa la única dificultad que se nos presenta a la hora de celebrar la fiesta de Jesucristo, Rey del Universo. El problema no es solamente un problema de títulos.

Con todo respeto a la monarquía como forma de gobierno, para muchas personas las figuras de los reyes y reinas aparecen como eso, más figuras que realidades. El verdadero poder lo ejercen los parlamentos, los primeros ministros, otras instancias de poder diferentes a la de los monarcas. En el panorama político de hoy, se dan poderes
absolutos y totalitarios, gobiernos donde la máxima autoridad se comporta como los reyes de antes. Estos gobernantes totalitarios despiertan en sus súbditos respuestas de temor y sumisión, no necesariamente de afecto y obediencia gozosa.

Es difícil quitarle a la palabra “rey”, cuando se la aplicamos a Jesús, esas
connotaciones. A primera vista, el evangelio de hoy, la escena del Juicio Final a las naciones, parecería fortalecer la imagen del Rey que inspira temor. Viene a juzgar, a dar vida eterna o castigo definitivo.

Pero, si miramos con cuidado el texto del evangelio de Mateo (Mateo 25, 31-46), nos encontramos con un rey muy
diferente a los monarcas tradicionales. Los reyes y gobernantes absolutistas de esta tierra reclaman una
actitud de incondicional sumisión a su persona. Exigen y reclaman que se les rinda homenaje. Organizan la vida de
sus súbditos alrededor de sus caprichos. Se exhiben como en vitrina (a prueba de balas, por supuesto). El rey de la escena del Juicio Final nos desconcierta.

En vez de reclamar para sí el servicio y adoración de sus súbditos, dirige ese servicio hacia los más pequeños,
los más insignificantes, los más necesitados. Para servir al rey, hay que dar de comer al hambriento, de beber al
sediento, vestir al que no tiene ropa, visitar en cárceles y hospitales a los que sufren prisión y enfermedad. Ni
siquiera es necesario que los servidores reconozcan al rey en las personas de los pobres.

Mientras ese servicio no se dé como si fuera al mismo rey, hay que desconfiar de la realidad de su reinado.

Jesucristo, Rey del Universo, haz que por fin te hagamos rey al dedicar nuestras vidas al servicio de las vidas más
amenazadas.