buscar a DIOSDicen los psicólogos que uno solamente encuentra lo que busca. Para no pelear con ellos, porque se alteran, concedamos que eso es parcialmente verdad. Si yo busco bronca, probablemente la encuentre. Si en las relaciones busco defectos de los demás, seguramente los encontraré.

Esta verdad parcial aplica particularmente al comportamiento religioso. Si buscamos en primer lugar la conformidad con normas y mandamientos, estaremos tan preocupados por no meter la pata que no tendremos mucho tiempo ni energía para fijarnos en otras dimensiones de lo religioso.

Si lo más importante para nosotros es la corrección
de nuestras afirmaciones doctrinales, descubriremos los más mínimos errores y desviaciones (sobre todo en las fórmulas de doctrina de los otros).

Refrescantemente, el evangelio de hoy nos confronta con la pregunta de Jesús a los dos discípulos que lo van siguiendo, con mucha timidez y vergüenza. Pregunta que podríamos con mucho fruto sentir como dirigida también a nosotros. ¿Qué buscamos en la relación con Dios? ¿Qué es lo que viene primero para nosotros en nuestro mundo religioso?.

Los dos discípulos de Juan, animados por la referencia a Jesús como "el cordero de Dios”, lo siguen, sin atreverse mucho ni a dirigirle la palabra. Es Jesús el que toma la iniciativa y viendo que lo seguían les pregunta: "¿Qué buscan?" La respuesta, otra pregunta aparentemente poco "religiosa", encierra sin embargo todo un planteamiento completamente distinto al de la preocupación por la ortodoxia o por el cumplimiento de mandamientos. "

¿Dónde vives?"
Esta pregunta busca el conocimiento cercano. Saber dónde vive una persona, que es a la vez invitarse uno mismo a la casa, es un comportamiento religioso que va al mismo corazón de la experiencia de Dios en Jesús. Jesús no es en primer lugar una verdad a creer ni el portador de mandamientos que hay que cumplir. Jesús es en primer lugar una persona a quien conocer, amar y seguir. Jesús complace la petición encerrada en la pregunta: “Vengan y vean". Solamente el que se atreve a acercarse, a mirar, a escuchar, a dejarse tocar por la cercanía de la Palabra que acampa entre nosotros, puede ser auténticamente cristiano. Si buscamos esa experiencia, la encontraremos porque infinitamente mayor que nuestro deseo de acercarnos a Jesús es el que Él tiene de acercarse a nosotros.

Invitación a revisarnos para saber nosotros mismos qué es lo que estamos buscando.

Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.