anuncianoticiaLos pesimistas, acostumbrados a esperar siempre malas noticias, responden a la buena noticia con un "sí, pero...". El "pero" nace de experiencias amargas. En otras ocasiones me
ilusioné con la buena noticia solamente para enfrentarme a tristes desilusiones.
0 no se dio lo que yo esperaba o no se dio de la manera y en la medida en que yo lo esperaba.

Cuando le hacemos un cerco al corazón para protegerlo de esas desilusiones, puede hacérsenos muy difícil creer en las buenas noticias. Mejor no esperar nada que esperar y chocar con la frustración y el desencanto.

En situaciones extremas de crisis, en los momentos de oscuridad y desamparo tanto personales como colectivos, la invitación a creer que las buenas noticias son posibles tiene que ir precedida de la invitación a la conversión.

"Convertirse”: un verbo rico en significados. No debemos reducirlo simplemente a la dimensión necesaria,pero insuficiente  de dejar de hacer cosas malas. La fe en la buena noticia supone la renuncia, sí, a malas noticias que se disfrazan de bien. Supone retirar nuestro corazón de las alianzas con ídolos y de nuestras dependencias y esclavitudes. Decir que no a tantos cantos de sirena que prometen felicidades fabricadas en nuestras pequeñas
fábricas o que proceden de los engaños y seducciones del espíritu del mal.

Pero para poder atrevemos a creer en la buena noticia necesitamos una conversión todavía más honda. Cambiar no sólo los comportamientos negativos y dejar de pecar, sino cambiar también nuestra manera de mirar y valorar la vida. Cuestionar nuestras certezas, que muchas veces son prejuicios disfrazados de verdad. Cuestionar la confianza depositada en nuestros propios recursos, arrogancia disfrazada de fortaleza. Cuestionar las descalificaciones que hacemos de los que caen y se equivocan, falta de misericordia disfrazada de justicia.

Cuestionar nuestros pesimismos paralizantes, desesperanza disfrazada de realismo. La Buena Noticia de Dios necesita pasar por la conversión, por esta renovación y transformación profunda de nuestro corazón para que se acerque más al sentir y actuar de Dios.

Jesús anuncia la Buena Noticia como el acercamiento gratuito de Dios a nuestra desesperanza y nuestra impotencia. Esta cercanía del Reinado de Dios necesita ser mostrada a la gente con signos concretos. Necesita mensajeros. El sentido de urgencia de la llamada de Jesús responde al infinito deseo de Dios de que su Buena Noticia llegue a todos y llegue pronto.

Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.