V domingo tiempo ordinarioLa curación de enfermos ocupa un lugar de gran importancia en el ministerio de Jesús.

Todos los evangelistas nos narran muchas curaciones que hace Jesús. Ciegos, leprosos, lisiados y cojos, sordos y mudos. A medida que su fama va creciendo, se le hace casi imposible
a Jesús entrar y salir de los pueblos sin que un gran ejército de gente sufrida y doliente lo siga sin darle casi tiempo para comer y descansar.

Curar enfermos no es una actividad a la que Jesús se dedica planificadamente. No es un curandero profesional. No hace ningún esfuerzo por aumentar su “clientela”. La misión de Jesús es la proclamación de la cercanía del Reino del Padre. Quiere dar a conocer el rostro bondadoso y misericordioso que ha contemplado en las largas noches de oración y en el largo trayecto de su vida como judío piadoso y creyente.

Que Dios es bondad sin límites y cercanía incomprensible no es una verdad más en el corazón de Jesús. Que Dios quiere la vida a plenitud de todos sus hijos e hijas es algo tan hondo en Jesús que no puede comprender que el liderazgo religioso de su pueblo no proclame y  defienda esa absoluta prioridad de Dios. La Ley nació en el seno de una relación de amor fiel por parte de Dios hacia su pueblo. Quiso siempre expresar ese amor y defender por encima de todo a la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios.

Para Jesús, la enfermedad física no es solamente un problema de salud corporal, En el ambiente religioso que Jesús encontró, la enfermedad tenía el doble peso de la limitación física y de la exclusión moral. El enfermo sufre en su cuerpo los síntomas de la enfermedad y siente en su alma la condenación a veces explicita de su mundo religioso. Si estás enfermo, algo habrás hecho para merecer ese castigo de Dios. Algunas enfermedades iban acompañadas de exclusiones más severas: la lepra, la epilepsia (confundida muchas veces con la posesión diabólica), las hemorragias y enfermedades relacionadas con la sexualidad femenina.

Curar, para Jesús, es mostrar de manera corporal, visible, tocable, la cercanía bondadosa y senadora del Padre,Jesús no cura para impresionar ni demostrar su divinidad. Las curaciones, incluyendo las que más técnicamente merecen el nombre de milagros, no son credenciales que enseña Jesús para que tengamos fe en Él. La fe es un elemento importante en las curaciones, pero ni siquiera es exigida siempre por Jesús como condición para curar. La falta de fe es mencionada como obstáculo que algunos ponen a la capacidad sanadora de Jesús. Pero en muchas más ocasiones, Jesús acredita las curaciones a la fe de los sanados... “Tu fe te ha salvado”. Jesús cura el cuerpo y cura también el espíritu de su desesperanza y desconsuelo.

Escrito por: P. Alberto García Sánchez, S.J.