el puente

Una pareja de amantes vivía en un pequeño pueblo a la orilla de un río.

Cada noche salían de sus casas en la oscuridad para verse y estar juntos, y regresaban al rayar el alba.

Sin embargo, una desafortunada mañana se quedaron dormidos y la chica no pudo volver a tiempo a su hogar. El padre, furioso, decidió tomar a su familia y mudarse a una finca en el margen opuesto del caudaloso río.

El sabía que esa finca era la única construcción en esa orilla, y que no habiendo puentes ni botes que cruzaran al otro lado, aislaría de esa manera a su hija de su pretendiente.

El muchacho, desconsolado, pensó en varias maneras de cruzar el río, pero ninguna era práctica: no podía nadar en él, por lo fuerte de la corriente, ni contaba con el dinero o la habilidad para hacerse de una balsa. A punto de darse por vencido, tuvo una idea: si no había un puente, él lo construiría.

Muy de mañana, empezó a buscar piedras y tablas, y cualquier cosa que le sirviera. Empezó a afianzarlas y a cimentarlas en su lugar. Su amada, al verlo, de inmediato comprendió su intención, y empezó a hacer lo mismo de su lado.
El comienzo fue muy difícil:

Tenían que trabajar arduamente, y sin desatender sus actividades diarias. Tenían que buscar fuerzas al final del día, cuando ya no las había. Tuvieron que aprender a observarse mutuamente, para estar seguros que iban hacia el mismo lugar y que no se estaban alejando uno del otro.

Tuvieron que hallar una manera de entenderse y comunicarse sin que hubiera malos entendidos. Tuvieron que aprender a apoyarse mutuamente y corregir los errores que ambos cometían por su falta de experiencia en la construcción de puentes. Y tuvieron que aprender a darse ánimos cuando alguno de los dos flaqueaba, y a hacerlo sin palabras, solo con sus actitudes mutuas.

Pero por fin, un buen día, ambos extremos se encontraron en la mitad del río.

Los dos amantes, exhaustos pero sonrientes, se arrojaron en los brazos del otro.

Después de un rato, el exclamó: "¡Dios mío, como he detestado la hora que me alejaron de tí! ¡Como desearía que nunca hubiera sucedido!".
Ella se quedó callada un momento, y luego entornó sus hermosos ojos avellanados y le sonrió sutilmente:

"Amor", dijo acariciándolo, "si nunca hubiéramos estado separados, tampoco nunca hubiéramos construido un puente".